Super Mensajes

Destacan la creatividad y astucia propias del ingenio peruano

En el pasado, las antiguas calles de Lima exhibían nombres llamativos como “Huevo”, “Divorciadas” e incluso “Manita“. En la actualidad, los paraderos no se quedan atrás, adoptando nombres ingeniosos de la cultura peruana que provocan risas y muestran el ingenio local.

Algunos recibieron nombres singulares debido a características del entorno, como “Torito” o “Puente Camote”, mientras que otros se denominaron por empresas o negocios cercanos que desaparecieron con el tiempo.

En Lima, recordar estos nombres curiosos es clave para la orientación, pues resultan inolvidables por sí mismos. Conocer su ubicación, el porqué de su denominación y qué representan es fundamental para situarse en la ciudad.

Pilas

Este paradero, conocido como “Pilas“, debe su nombre a una fábrica japonesa que producía baterías y se estableció en la zona. Situado en la intersección de la avenida Angélica Gamarra con la Panamericana Norte, en San Martín de Porres, esta denominación se remonta a la fábrica que inició operaciones el 4 de marzo de 1966.

El Grupo Matsushita Electric del Perú, conocido como National Peruana S.A., operó por más de 50 años hasta que en 2008 cambió su nombre a Panasonic Corporation. Aunque la empresa ya no está en el país, el nombre del paradero ha perdurado como un tributo a su historia.

Yompián

A diario, mucha gente pasa por este peculiar paradero sin conocer el origen de su curioso nombre. Para descubrirlo, hay que llegar a la intersección de las avenidas Óscar R. Benavides (exColonial) y Pacasmayo, en Cercado de Lima. Su historia se remonta a los años 70, cuando la tienda de electrodomésticos Yompián era exitosa con su singular eslogan “Donde ganan los que van”.

A pesar de su popularidad y múltiples sucursales, la tienda no pudo superar la crisis económica que golpeó al país, la competencia creciente y las deudas de sus clientes, pues ofrecía productos a crédito. Como resultado, la tienda quebró y desapareció, legando su nombre al paradero que permanece en el mapa hasta hoy.

Las vaquitas

El paradero “Las Vaquitas”, situado en las avenidas Antunez de Mayolo y 12 de octubre en San Martín de Porres, es frecuentado diariamente por miles de personas. Probablemente, muchos se han preguntado cómo adquirió ese nombre.

El paradero “Las Vaquitas” tiene una historia de más de 30 años. En el pasado, la zona albergaba un gran establo donde se criaban vacas, terneros y otros animales similares. En aquel entonces, las inmediaciones no estaban pavimentadas. Con el tiempo y el crecimiento de la comunidad, el establo fue perdiendo terreno hasta que, en cierto punto, solo quedaban dos vacas en el lugar.

Las vacas amarradas a los árboles se convirtieron en una referencia clave para muchas personas que transitaban por la zona. Aunque el establo ya no existe, el nombre peculiar persiste e incluso puede ser visto en Google Maps, como un recuerdo de esa peculiar historia local.

Cruz blanca

El nombre de este paradero, más que llamativo, encierra una historia triste. Situado en la cuadra 62 de la avenida Alfredo Mendiola, en Los Olivos, hay una pequeña cruz blanca desde 1958 con un mensaje conmovedor: “Al irresponsable que en su loca fuga dejó derramar tu preciosa sangre abandonándote en este solitario lugar. El destino se encargará de cobrar su deuda. Tu padre”.

Así es, el nombre del lugar surgió a raíz de un trágico accidente que ocurrió en aquellos días.

Pollos

El paradero “Pollos” o “Los Pollos” recibe su nombre porque en esa esquina solía estar una pollería que se convirtió en el único punto de referencia para quienes llegaban a esa área en la avenida Universitaria.

Ante la falta de señalización, tanto choferes como transeúntes optaron por denominar gradualmente a este paradero con el peculiar nombre, dada la prominencia de la pollería en esa ubicación.

Leer más:

Tres ositos

El nombre más peculiar de la lista, que ha provocado más risas entre los usuarios, según Reporte Semanal, se debe a que en el pasado era un espacio deshabitado donde solo vivían tres familias. Aunque el paradero en la cuadra 82 de la avenida Universitaria, en Comas, ahora está completamente urbanizado, parece que su particular denominación resistirá al paso del tiempo.

Lechón

La costumbre y el ingenio alcanzaron un nuevo nivel en este caso. El paradero, que solía ser el lugar para la crianza y venta de chanchos, ahora cuenta con un puente peatonal oficialmente nombrado como “Puente Lechón” por la empresa Rutas de Lima. Incluso, se puede ver el cartel en la estructura ubicada en el kilómetro 18.5 de la Panamericana Sur, en el distrito de Lurín.

Puente Camote

Es asombroso, pero en este paradero de Lima, entre las avenidas Carlos Izaguirre y Santa Rosa en San Martín de Porres, no hay ni puente ni camotes en la actualidad. A pesar de ello, el nombre permanece inalterado y se muestra en los carteles de los autobuses de transporte público.

Según la historia, en el pasado existía un pequeño puente de madera sobre un arroyo, y los campos cercanos se usaban para cultivar camotes. Este puente facilitaba el acceso de los pobladores a los campos de cultivo. A medida que los años pasaron, la estructura y los cultivos desaparecieron para dar paso a la urbanización. Aun así, el nombre se mantiene como uno de los más emblemáticos de Lima.

La curva del diablo

Según Reporte Semanal, el paradero en la intersección de las avenidas 1 de Mayo y Micaela Bastidas, del distrito de Villa El Salvador en Lima, solía ser el único acceso al distrito en el pasado. La falta de semáforos llevó a numerosos accidentes mortales y heridos, lo que dio origen al aterrador nombre.

Además, han surgido diversas leyendas urbanas que sugieren que en ese lugar aparece el mismísimo diablo. Más allá de ser mito o realidad, el nombre continúa arraigado y no parece cambiar o desaparecer pronto.

Torito

El paradero en Surco Viejo lleva más de 60 años con ese nombre. Según La banda del Chino, se le denominó así porque en la zona había un camal cuyo dueño solía amarrar un ternero o torito en esa esquina, convirtiéndose en referencia para muchos. Hoy en día, en esa misma esquina está el restaurante Torito, administrado por el hijo del dueño del camal.

Los nombres de los paraderos limeños son un reflejo de la creatividad de los peruanos y también evidencian la falta de planificación en las calles, terminando así bautizados por la colectividad y perdurando a través del tiempo.