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El gallo camarón y el general

Chabuca Granda escribió una hermosa canción sobre un gallo de pelea, que culminaba diciendo:

«Que soy un gallito fino ¡quiquiriquí!

De buena camada, tengo orgullo de mi casta

y de aquel que me criara.

Que soy un gallazo fiero, de aquellos de vez en cuando,

que quiere vivir venciendo o se ha de morir matando»

Y ayer, la debe haber entonado por la noche el ministro de Defensa, Walter Ayala, porque cuando todos lo creían renunciado ha revivido para justificar el pase al retiro de los comandantes generales del Ejército y de la Fuerza Aérea y tratar de morir matando.

Y es que el exabrupto cometido al alimón con el secretario general de Palacio, Bruno Pacheco, en la Lima de rumores generó ayer toda una tormenta en un vaso descartable al grado de solicitar la vacancia del presidente de la República, o de catalogar sus supuestos como una conducta montesinista.

La verdad anda por otro lado. Todo el mundo sabe que, en época de ascensos militares, los propios interesados buscan un padrino de dónde sea. Esto no es invención de Perú Libre sino una inveterada costumbre nacional. Segundo, también se sabe que el presidente es el comandante supremo de las Fuerzas Armadas y, como tal, tiene la atribución de designar o cesar a los comandantes generales. Así lo hizo Alan García en su segundo gobierno, descabezando a las tres armas y también Ollanta Humala que pasó dos promociones completas al retiro. Nadie protestó entonces.

También se habla de que las fuerzas armadas están descontentas y desmoralizadas y al borde de dar un golpe de Estado. Tampoco es cierto. Lejos de respaldar a los comandantes generales salientes, los oficiales generales en actividad del Ejército y la FAP han acatado el retiro en perfecta disciplina y han ascendido un grado en la escala de puestos con el retiro de José Vizcarra y Jorge Chaparro. Sus reemplazantes tampoco han considerado como montesinista la invitación del jefe de Estado a Palacio, para conocerlos y requerir su apoyo a la labor social del gobierno.

Lo que ha pasado es una pataleta de los comandantes relevados, que el sector político caviar de los medios de comunicación y el vizcarrismo (léase Walter Martos) ha inflado para castigar al gobierno de Pedro Castillo, actitud que la derecha ha recibido jubilosa y que está usando para levantar su banderita de la vacancia. Pero el suelo está parejo: el presidente no es responsable político, para nada, de los errores de sus ministros. Falta, además, la última aleteada de Camarón.

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