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A principios de mayo, el productor y comercializador de materias primas Glencore hizo un anuncio que sorprendió a la plaza bursátil peruana, pese a que se esperaba. En febrero del año pasado comunicó su intención de vender su participación en el accionariado de Volcan Compañía Minera, en la que mantenía el control, según se supo, debido a discrepancias con los accionistas minoritarios. Y el 6 de este mes concretó esa decisión, pero “inexplicablemente” vendió sus acciones a menos del 2% del monto total que pagó por estas.

La multinacional cedió el 55.03% de las acciones Clase A (con derecho a voto) de la minera, que tenía en su poder, a Transition Metals AG por US$20 millones, cuando en noviembre de 2017 solo por el 36.9% de los títulos de Volcan pagó US$734 millones.

Incluso, le extendió una línea de crédito a Transition Metals AG para que pueda hacerse de los títulos de Volcan que otros accionistas decidan vender (OPA),tal como lo ordena la regulación.

¿Acaso Glencore no habría recibido mejores ofertas por los títulos de Volcan?, ¿o prefirió ‘sacrificar su reina’ para ganar la partida, abaratando el precio de las acciones de sus socios, con quienes las diferencias fueron muy marcadas en el último año?

“No imagino que nadie haya querido comprar las acciones de Volcan”, sostuvo un banquero de inversión, que pidió el anonimato. “Cualquier comprador tiene que haber ofrecido un paquete donde Glencore iba a ganar más de US$20 millones”, agregó la fuente.

Entre los muertos y heridos que pudo haber dejado el movimiento de Glencore están los acreedores. Si bien la decisión de un accionista de vender su participación al precio que considere es válida, Glencore ha dejado un sinsabor a los bancos y bonistas de la minera por no haber respetado la cláusula de cambio de control. Es decir, pasó por alto el derecho del prestamista a poner fin a su compromiso o la exigencia del reembolso inmediato de la financiación en caso de un cambio de control no autorizado.

“Si le vendes (el control de la compañía) a alguien, lo normal es negociar con los acreedores y decirles voy a vender esta empresa, ¿tienen algún problema?, ¿cómo hacemos?, pero acá no ha sido así. A los bancos y bonistas nos están obligando a negociar con una contraparte que no conocemos. Eso está mal de Glencore”, señaló el banquero.

Según Apoyo & Asociados, el desalineamiento de prioridades entre los accionistas de Volcan podría implicar un mayor riesgo para la obtención de un refinanciamiento de las obligaciones financieras, así como para abordar las necesidades de capital, lo que podría generar una revisión en la calificación de la minera.

“En términos prácticos (Glencore) lo ha regalado (sus títulos de Volcan). Eso solo se hace cuando quieres salir a cualquier precio. ¿Las razones? Creo que las conoceremos recién en un tiempo cuando se enfríe el tema, pero creo que tiene mucho que ver la relación entre los socios”, dijo una experta en gobierno corporativo que por su cercanía con las partes pidió no revelar su nombre.

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LA CEREZA DEL PASTEL

Para las fuentes existe más de una razón para la venta de Volcan por parte de Glencore. Una de ellas es la decisión de la casa matriz de eliminar su exposición al zinc. Si bien dicho metal viene subiendo su cotización desde hace dos o tres meses, en los últimos dos años venía en caída.

En tanto la cereza del pastel es la pelea que Glencore mantenía con las familias Piccaso y Letts, que llegó a su punto más álgido cuando estas dos últimas y el resto de los accionistas minoritarios aprobaron en junta general la escisión de la participación de Volcan en el Puerto de Chancay.

Si bien Glencore tenía el 53% de las acciones con derecho a voto, su participación en el capital social era del 23.3%.

Esta discrepancia llevó a que Glencore realice cambios en el directorio reemplazando en septiembre del año pasado a José Picasso, que se venía desempeñando como presidente de la compañía desde 1996, nombrando en su lugar a Victoria Soyer. De la misma forma, José Ignacio de Romaña que se desempeñaba como vicepresidente, desde 1993, fue reemplazado por Diego Garrido-Lecca.

Según las fuentes, Glencore y las familias Piccaso y Letts ya se venían llevando mal por desacuerdos en la gestión de la empresa.

“El lío (de Glencore) con los accionistas locales es muy complejo. Ellos, en todo momento pese a ser minoristas siempre han querido controlar. Glencore es una empresa gigantesca. Esta desinversión (en Volcan) no es que le vaya a mover la aguja. Han vendido sus acciones porque querían salirse del problema”, dijo una fuente del sistema financiero.

De otro lado, según las fuentes consultadas, aunque Transition Metals ha sido muy proactivo en salir al mercado y afirmar que cuenta con un plan de desarrollo para implementar la reestructuración de la minera y honrar la deuda con los bonistas y las entidades financieras, existen dudas sobre si cumplirá con sus compromisos.

Según se supo, uno de los voceros de Transition Metals —subsidiaria de Integra Capital, empresa argentina que invierte en numerosas industrias de commodities—, está involucrado en la política en su país y no necesariamente del actual régimen (Milei),por lo que la minera podría ser rechazada por nuevos acreedores.

Por el lado de Volcan, la compañía ha anunciado que los accionistas de la minera recibirán el 23 de mayo participaciones en el puerto de Chancay. La nueva compañía estará listada en nuam exchange con dos tipos de acciones, clase A y B. Esto, según las casas de bolsas, es lo que está levantando el precio de la acción.

Así, las tensiones internas y la salida abrupta de Glencore podrían tener implicaciones significativas para la gestión y refinanciamiento de la minera.

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