Por: Rolando Donayre 

No hay Dios más inclusivo y protector como el de la Biblia. Mientras que las civilizaciones antiguas se enfrentaban unas contra otras para apoderarse de sus territorios, saquear y secuestrar a los vencidos y convertirlos en botín de guerra, el gran Jehová instruía a los suyos a preocuparse por los menos favorecidos de su pueblo, o sea, sus poblaciones vulnerables.

¿Desde cuándo una civilización tuvo algún interés por los niños, las viudas, los extranjeros, pobres, personas con discapacidad, enfermos y las personas adultas mayores?

Entendamos que los pueblos antiguos tenían prácticas inhumanas, como sacrificios de niños, esclavitud, violencia contra la mujer, imposición de la fuerza, entre otras injusticias que eran la norma de esos tiempos.

Sin embargo, vemos que cuando Dios sacó a Israel de Egipto les dio mandamientos para lograr una convivencia pacífica en la cual “la nueva sociedad israelí” se haría responsable de todos y cada uno de sus hermanos.

Moisés no solo les dio los 10 mandamientos, sino también cientos de leyes y ordenanzas que trataban temas como la justicia, la agricultura, la medicina, las relaciones sociales y familiares, salud pública y otras más.

Por ello, cuando un lector de la Biblia llega al libro de Deuteronomio – quinto libro del Antiguo Testamento- se da con la sorpresa que al Dios de Jacob le interesan sobremanera cuatro grupos bien definidos, entre ellos: 1) los levitas (sacerdotes), 2) los huérfanos, 3) las viudas y 4) los extranjeros.

“Al fin de cada tercer año, sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año y [lo] depositarás en tus ciudades. Y vendrá el levita, que no tiene parte ni herencia contigo, y el forastero, el huérfano y la viuda que habitan en tus ciudades, y comerán y se saciarán, para que el SEÑOR tu Dios te bendiga en toda obra que tu mano haga” (Deuteronomio 14:28-29).

Lo común en estos cuatro grupos es que ninguno poseía tierras que pudieran sustentarlos con alimentos. Es decir, era gente sin ninguna expectativa del futuro. Eran personas en abandono y desprotección.

El Dios Todopoderoso deseaba que su pueblo tuviera la misma preocupación y diligencia que Él mismo tenía para proteger a sus poblaciones vulnerables, para las cuales ordenó que todos los integrantes, sin excepción, participen en algo así como un gran “Voluntariado”, con implicancia espiritual (cosmovisión para la vida) y social (responsabilidad con su prójimo).

Es que, en realidad, la Biblia estaba adelantada para su tiempo al brindar una visión y una práctica humanista a las otras culturas, a fin de que se conviertan en sociedades sensibles con la necesidad de los otros.

Hoy, el llamado de ese Dios de poder y amor hacia sus poblaciones vulnerables nos vuelve a tocar las puertas como sociedad y Estado, pero sobre todo las puertas del corazón. En estos tiempos de pandemia todos hagamos un compromiso de protección y cuidado. 

Sin duda alguna, ESE ES EL DESEO DE DIOS ¿Será también el tuyo? A partir de hoy “marca la diferencia”. Escoge una población vulnerable y apóyala con tus ganas, talento, corazón, dinero y tu tiempo. ¡Adelante! 

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