Dos streamers, una final y todo un país: el fenómeno que une fútbol y comunidad digital

Por: AP Noticias Publicado: 11 min de lectura
Dos streamers, una final y todo un país: el fenómeno que une fútbol y comunidad digital

El fútbol es ese ruido de fondo que acompaña las tardes de domingo, las conversaciones de oficina, las discusiones de qué equipo es el mejor. Y también, claro, las pantallas. Pero ahora las pantallas no son las de siempre; hoy día la gente las utiliza de una manera distinta. Aficionados que no solo ven el partido de forma pasiva, sino que lo vive, lo comenta, lo interrumpe, lo celebra y lo llora.

En Perú, esa manera de aproximarse al fútbol ha calado con una intensidad que pocos anticipaban. Y si hay dos nombres que concentran este fenómeno, esos son El Zeein y Glogloking.

La pregunta sobre quiénes son estos personajes merece una respuesta que se remonta a sus inicios. No siempre gozaron de reconocimiento público. Hubo un tiempo en el que eran dos personas anónimas, frente a una cámara, sin certeza de que alguien los estuviera viendo. Años después, ese esfuerzo silencioso se ha traducido en millones de seguidores. No es una exageración, sino un dato verificable. Hoy son figuras centrales en el ecosistema digital peruano, con la capacidad de abrir conversaciones y movilizar a sus comunidades en torno a ellas.

El Zeein: de las parodias a la Kings League

Andy Dante Merino. Ese es el nombre detrás del alias. El Zeein, para los amigos, o para los que lo siguen, que es casi lo mismo. Empezó haciendo comedia. Parodias, sketches, bromas que a veces funcionaban y otras no. Pero tenía algo, un talento especial.

Después vino el streaming, y con eso la consolidación como influencer. Hoy tiene una comunidad fiel que supera los cinco millones y medio de personas repartidas entre YouTube, Kick y otras plataformas al alza.

Y no se queda ahí la cosa. También es presidente del Persas FC, un equipo de la conocida Kings League. Sí, esa liga de fútbol siete que inventó el exfutbolista del Barça, Piqué, y que ahora es un fenómeno global.

¿Qué tiene que ver eso con el streaming? Todo. Porque El Zeein no es solo un personaje que comenta partidos, es un influencer que entiende el fútbol desde dentro; que sabe lo que pasa en una cancha, que conoce a los jugadores y que respira fútbol. Y eso, cuando se ve en una transmisión, se nota. No es un show. O sí, pero con base.

Glogloking: el carisma que desarma

En el otro lado del show está Marx Loayza. Glogloking. Con 25 años, una edad en la que muchos todavía están decidiendo qué carrera estudiar o si vale la pena mandar ese currículum, él acumula ya casi dos millones de seguidores. Y no es por casualidad. Su estilo es distinto; más conversacional, más pausado, como si estuviera tomando un café con su audiencia y no frente a una cámara con miles de personas mirando.

Lo que hace especial a Glogloking es su capacidad para involucrar a sus seguidores. No habla para la cámara; habla con la cámara, y por extensión con toda persona que lo mira. Y eso, en el mundo del streaming, es un talento. No todo el mundo tiene esa habilidad. Muchos intentan copiarlo y fracasan porque suena a impostura, a algo forzado. En cambio él, con una naturalidad prodigiosa, logra que la gente se sienta parte de algo.

TikTok, Kick, Instagram... Glogloking está en todas partes. Y su contenido, aunque variado, tiene un eje central: la cercanía. No es el típico creador que se la pasa gritando o haciendo cosas raras para llamar la atención y subir la audiencia. Es más sutil. Y a veces, la sutileza funciona mejor que los golpes de efecto. Su pareja, la colombiana Emikukiss, también es streamer. Una dupla de creadores que está convirtiéndose en (casi) una dinastía.

El streaming y el fútbol: una nueva alianza que vino para quedarse

La forma de ver fútbol cambió. No de a poco, sino de golpe. Hace diez años, el ritual era siempre el mismo: el televisor encendido, el sofá, el partido en el canal de siempre. Y de fondo el locutor de turno, con esa voz grave y monocorde, narrando cada jugada con un tono que ya, sencillamente, no se usa. Era la norma.

Pero hoy la norma es otra. O, mejor dicho, las normas se multiplicaron. Y una de ellas, quizás la más moderna, es la que protagonizan los streamers. Esa gente que comenta el partido como si estuviera en la sala de tu casa, que se ríe, que se enoja, que a veces se queda sin palabras cuando pasa algo inesperado.

Los números, fríos y tozudos, respaldan esta impresión. En Perú, el público que sigue el fútbol a través de plataformas de streaming creció de cero a dos millones en muy poco tiempo. No es una moda pasajera. Es un cambio de hábito. Un desplazamiento silencioso, pero firme.

Dos millones de personas que ya no se conforman con el relato tradicional, que buscan algo más: interacción, cercanía, autenticidad. Esa sensación de estar viendo el partido con alguien que siente lo mismo, que se sorprende con los mismos goles, que sufre con las mismas faltas.

Las encuestas, además, muestran que más de la mitad de los aficionados prefiere los partidos comentados por creadores de contenido antes que por los narradores clásicos. ¿Y eso qué significa? Que el formato cambió. Que la industria del fútbol, esa que parece tan rígida, está mutando, quizás para siempre.

El Mundial, la final y una fiesta en Lima

Y entonces llegó el Mundial de 2026. El que se juega en Estados Unidos, el que tiene la final el día 19 en el MetLife Stadium, ese estadio gigante al lado de Nueva York que parece una nave espacial. Para los peruanos, la ilusión era enorme. Pero la selección no clasificó. Otra vez. Y eso duele, claro. Pero el fútbol no es solo la selección. También es Messi, también es Mbappé, y Haaland, y Lamine Yamal, y todos esos nombres que uno repite como si fueran himnos.

Como la selección no está, muchos se preguntaban qué hacer con la final. Si verla solos en casa, si ir a algún bar, si juntarse con amigos. Y ahí apareció una idea: la Watch N Play Party.

¿De qué se trata? Bueno, básicamente, es una fiesta para ver el partido. Pero no una fiesta cualquiera. Una que junta a El Zeein y Glogloking en el mismo lugar, comentando la final en vivo, con una pantalla gigante y mucha gente alrededor. Una especie de experiencia colectiva para los que no pudieron conseguir entrada para el estadio. Un evento donde, además, se podrán realizar apuestas deportivas. Solo se revela el día del evento. Un toque de misterio que no está mal.

La cita es el mismo día de la final. Y para asistir, hay que participar en la promoción de la web y entrar al sorteo de las entradas. Pucha, con algo de fortuna. Un lugar especial para lanzar las apuestas Mundial 2026 en Stake.

¿Por qué esta iniciativa en comunidad funciona?

Porque el fútbol, al final, es un pretexto como otro cualquiera, pero este con mucho poder de convocatoria. Un motivo más para juntarse, para compartir, para sentir que no estamos solos aunque el partido se juegue a miles de kilómetros de distancia. Y cuando tenemos a dos figuras mediáticas como El Zeein y Glogloking liderando la experiencia, la combinación es casi perfecta.

La idea, además, dialoga con una realidad concreta: en el último Mundial, el 73% de los peruanos vieron los partidos desde sus casas. Y para esta edición, se espera que ese número suba al 83%. ¿Qué significa eso? Que la mayoría vive el fútbol en un espacio privado, pero con ganas de compartirlo.

La Watch N Play Party viene a llenar ese vacío. A convertir lo individual en colectivo. A darle un marco distinto a una experiencia que, por lo general, es solitaria.

No es solo ver el partido. Es verlo con alguien que hace reír, que reacciona con el mismo entusiasmo que el espectador, que se enoja cuando el árbitro se equivoca y que celebra los goles como si fueran propios. Esa es la magia del streaming. Y esa es, también, la magia de esta propuesta.

La logística de una Watch Party: lo que implica estar ahí

El evento tiene una particularidad que lo diferencia de otros eventos: la ubicación no se conoce hasta el mismo día. Esa decisión, que puede parecer caprichosa, responde a una lógica clara. Genera expectativa. Y también, de paso, obliga a quien quiera asistir a mantenerse atento a los canales oficiales durante las horas previas. No es una dinámica pensada para la espontaneidad. Requiere cierto nivel de organización previa, aunque sea mínima.

Quienes planean asistir suelen hacerlo en compañía. No es una regla, pero se observa con frecuencia y es casi deseable. Llegar acompañado, en tal contexto, aporta un colchón de seguridad. Si el lugar es desconocido, si el tráfico complica el trayecto, si el sistema de acceso exige algún paso adicional, contar con otra persona que comparte la misma incertidumbre suaviza la experiencia.

Una vez dentro, el ambiente tiene sus propias reglas. No es un cine. No hay filas ordenadas ni silencio obligatorio. La gente habla, comenta, se ríe. Las reacciones son en voz alta; eso implica que quien asiste debe estar dispuesto a convivir con un nivel de ruido constante.

El espacio, además, suele estar diseñado para maximizar la visibilidad de la pantalla principal, pero no siempre todos los ángulos son iguales. Hay zonas mejores que otras. Los primeros en llegar suelen ocupar los lugares privilegiados, los de atrás se conforman con una visión más lateral. Ahí nomás, esa geografía improvisada es parte del juego, aunque nadie lo explique en la entrada.

El componente lúdico que rodea a estos eventos suele incluir, para algunos asistentes, una capa adicional de interés vinculada a las apuestas deportivas. En este caso a la cita mundialista. Quienes participan en ella suelen hacerlo con un criterio previo, revisando datos como el rendimiento reciente de los equipos, las lesiones de última hora o el historial de enfrentamientos directos. Esa información, disponible en las correspondientes plataformas, se convierte en el aliado básico para tomar una decisión.

No hay una fórmula mágica, y quienes la buscan terminan, invariablemente, frustrados. Lo que existe, más bien, es un ejercicio de lectura de contexto que reduce, aunque no elimina, el margen de incertidumbre.

El valor de una Watch Party, al final, no está solo en el partido. Está en el conjunto. En la acumulación de esos gestos mínimos que, vistos desde afuera, parecen banales. El detalle de ver a cien personas mirando el mismo punto al mismo tiempo, reaccionando al unísono, compartiendo una tensión colectiva que se resuelve cuando el encuentro deportivo llega a su fin.

Un fenómeno que trasciende el fútbol

El fenómeno que protagonizan El Zeein, Glogloking y el streaming deportivo en Perú no constituye un caso aislado. Se inscribe, más bien, en una corriente de alcance internacional que está transformando los modos de consumo del entretenimiento audiovisual.

Lo que distingue al caso peruano, sin embargo, es la rapidez con la que se ha producido esta evolución. En un período de tiempo relativamente breve, dos creadores locales han conseguido lo que durante décadas pareció reservado a unos pocos: articular una audiencia de magnitud considerable y, al mismo tiempo, modificar las pautas de un mercado que se creía inamovible.

El streaming, en este contexto, no se presenta como un sustituto de la televisión tradicional, sino como un complemento que convive con ella. Y en esa coexistencia, los streamers ocupan un espacio cada vez más amplio. Su propuesta descansa en atributos que el formato convencional, por su propia naturaleza, no siempre puede ofrecer: inmediatez en la reacción, un registro menos formal y una relación con el espectador que se asemeja más a la conversación entre pares que a la comunicación unidireccional.

Este tipo de iniciativas ya han sido ensayadas en otros mercados y han demostrado su capacidad para congregar audiencias y generar engagement. El atractivo principal reside en la posibilidad de seguir el partido en un entorno compartido, con comentarios que se producen en tiempo real y una atmósfera que se distancia de la solemnidad de las transmisiones convencionales. Ojo, ese rasgo es el que diferencia a esta propuesta de otros espacios de consumo futbolístico, como por ejemplo los bares deportivos o las reuniones privadas.

También te puede interesar

Más leídas

Últimas