¿Qué está pasando con nuestro cerebro?
La Dra. Katherine Gisselle Noriega Herrera explica cómo el estrés constante afecta el cerebro más de lo que imaginamos y qué señales no debemos pasar por alto.
Permítame hacerle una pregunta directa: ¿cuándo fue la última vez que usted se sintió verdaderamente tranquilo? No me refiero a estar sentado. Me refiero a esa sensación profunda de calma donde la mente no corre, el cuerpo no está tenso y el pecho no aprieta. Si está tardando en recordarlo, no es casualidad y menos debilidad suya. Es neurobiología.
Vivimos en un país donde la inseguridad ciudadana nos mantiene alerta desde que salimos de casa. Donde las noticias coyunturales nos generan angustia antes del desayuno. Donde el celular nos conecta con el mundo las 24 horas, pero nos desconecta de nosotros mismos. Y todo eso, aunque no lo veamos, tiene un costo enorme en el órgano que más ignoramos: nuestro cerebro.
Desde la neurociencia sabemos que el sistema nervioso humano no fue diseñado para vivir en estado de alerta permanente. Cuando percibimos una amenaza, ya sea real o simbólica, el cerebro activa su sistema de emergencia: libera cortisol y adrenalina, acelera el corazón y focaliza toda la energía en sobrevivir. Ese mecanismo es brillante y nos ha mantenido vivos como especie. El problema es que hoy ese mecanismo no se apaga. Las amenazas ya no son el predador en la selva, son la noticia de las siete, el tráfico, el WhatsApp que no para y el miedo a lo que pueda pasar mañana.
Las señales que muchas veces ignoramos
Cuando el cerebro vive en ese estado de alerta crónica, empieza a deteriorarse de formas que muchas veces no reconocemos como señales de alarma. La memoria falla, la concentración se fragmenta, el sueño se interrumpe, la irritabilidad aumenta, nos cuesta tomar decisiones simples y lo más preocupante; dejamos de disfrutar las cosas que antes nos daban placer. No es cansancio pasajero es el cerebro diciéndonos que llegó a su límite.
Lo que más me preocupa es que en el Perú normalizamos estos síntomas. Los llamamos "estrés" como si fueran inevitables, como si formasen parte de la vida moderna y no lo son. El desgaste emocional y cognitivo que experimentamos como sociedad tiene nombre, tiene causas identificables y, lo más importante, tiene solución, pero para abordarla necesitamos algo que ha faltado históricamente en nuestro país; profesionales especializados en entender el cerebro humano desde la ciencia, no desde la intuición.
Por eso me enorgullece ser parte del equipo profesional de la salud y la educación peruana; la Universidad Privada San Juan Bautista lanza la Maestría en Neurociencias Aplicadas, un programa 100% virtual, de un año de duración, dirigido a médicos, psicólogos, enfermeras, biólogos, fisioterapeutas y otros profesionales de la salud que quieren comprender el cerebro para transformar vidas. Un programa que integra neurociencias del comportamiento, la emoción, la memoria, el pensamiento y el lenguaje, formando especialistas capaces de intervenir con evidencia científica en la salud, la educación y la rehabilitación de las personas.
Nuestro cerebro está pidiendo auxilio. Ya es hora de que el Perú tenga los especialistas que saben escucharlo.
Fuente original: Exitosa
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