LA EMPATÍA Y EL RETRATO DE LA DISCAPACIDAD EN «PAQUITA LA ALPAQUITA»

En la literatura infantil contemporánea, la frontera entre el entretenimiento y la formación ciudadana suele ser a veces un campo minado. Generalmente nadie se atreve a cruzarla. Sin embargo, relatos como Paquita la Alpaquita consiguen hacerlo amalgamando el fondo con la forma, trocando una trama aparentemente sencilla —la búsqueda de una mascota perdida— en un […] La entrada LA EMPATÍA Y EL RETRATO DE LA DISCAPACIDAD EN «PAQUITA LA ALPAQUITA» se publicó primero en Diario UNO.

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LA EMPATÍA Y EL RETRATO DE LA DISCAPACIDAD EN «PAQUITA LA ALPAQUITA»

En la literatura infantil contemporánea, la frontera entre el entretenimiento y la formación ciudadana suele ser a veces un campo minado. Generalmente nadie se atreve a cruzarla. Sin embargo, relatos como Paquita la Alpaquita consiguen hacerlo amalgamando el fondo con la forma, trocando una trama aparentemente sencilla —la búsqueda de una mascota perdida— en un profundo tratado sobre la maduración emocional, la solidaridad y la visibilización de la discapacidad severa.

Por eso, encontrarse con el cuento de Juan Miguel Ataucuri García y Yessenia Ataucuri Infante, es un ejercicio refrescante y, a la vez, una sacudida necesaria. Miguel, galardonado escritor, y Yessenia, periodista y colaboradora de nuestro diario, trasladan en este relato su agudeza literaria y realidad periodística con delicado estilo para una lectura infantil entretenida y comprensible.

De la pureza rural a la «viveza» de la urbe

El viaje de Paquita, una pequeña alpaca blanca heredada por la niña María, es el viaje del desprendimiento. Al huir de la granja por la envidia del perro Pepe, Paquita ingresa a una urbe hostil, personificada por el gato Michifuz y su banda de vagabundos. Estos felinos instrumentalizan la pureza de Paquita, obligándola a fingir que es un peluche inanimado para estafar repetidamente en tiendas y quioscos. Es la metáfora perfecta de un entorno urbano que tiende a deshumanizar y a buscar el beneficio propio a costa de la vulnerabilidad ajena.

La inmovilidad como espejo de una realidad invisible

Sin embargo, el verdadero giro filosófico de la obra ocurre cuando Paquita termina en el hogar de Jovita, una niña que sufre de paraplejia. Es aquí donde los autores juegan con maestría con el concepto de la «inmovilidad». Lo que para la alpaquita fue una orden forzada de los gatos callejeros para sobrevivir al engaño (¡Inmóvil!), para Jovita es su realidad cotidiana. A través de la mirada de Lilo, el gato de la casa, el cuento pone el foco en un sector históricamente invisible en el Perú: el de las personas con discapacidad y las familias que cargan con su cuidado. Como bien reflexiona el felino: «Muy pocos entenderían lo que es cuidar a una persona paralítica. Quienes lo hacen tienen el alma de Dios dentro».

Una lección de madurez

El clímax de la historia confronta a María con una decisión que define su arco de crecimiento. Al encontrar a su mascota en el cuarto de Jovita, la niña experimenta una trágica realidad. Gracias a un recuerdo: un pollito de su granja que nació sin poder caminar y no logró sobrevivir, entiende el drama de la niña inválida. Es una analogía que dota a María de la madurez necesaria para comprender la fragilidad de Jovita.

La resolución del cuento evita el camino del egoísmo y opta por una solución comunitaria. María decide compartir a Paquita, permitiendo que sea el bálsamo de Jovita y comprometiéndose a visitarla cada tarde. Con este cierre, Paquita la Alpaquita se consolida como una obra que trasciende el aula. Nos recuerda con sutileza que la verdadera generosidad no consiste en dar lo que nos sobra, sino en descentrar nuestra propia felicidad para aliviar el drama de los demás.

Más allá de las aulas, este relato merece un lugar en cada mesa de noche y en cada biblioteca familiar. Es una lectura que demuestra que la literatura infantil puede, y debe, ser transformadora.

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Fuente original: Diario UNO

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