Las lecciones políticas que os deja el Mundial
En otro lenguaje Por: Jaime Asián Domínguez Es una lástima que Perú no participe en este Mundial. Duele en el alma, como diría Ricardo Gareca, que selecciones como Haití e Irak sí formen parte de esta espectacular fiesta del fútbol y nosotros estemos sufriendo para ver los partidos que no transmite América Televisión. Y las […]
En otro lenguaje
Por: Jaime Asián Domínguez

Es una lástima que Perú no participe en este Mundial. Duele en el alma, como diría Ricardo Gareca, que selecciones como Haití e Irak sí formen parte de esta espectacular fiesta del fútbol y nosotros estemos sufriendo para ver los partidos que no transmite América Televisión. Y las lecciones abundan en medio de tanto gol y de astros de la pelota como Messi.
Por ejemplo, las exhibiciones tácticas de los entrenadores son auténticas cátedras sobre liderazgo, planificación y consecución del éxito. Los países se han preocupado por ser competitivos y los jugadores son, prácticamente, atletas de alto rendimiento. Miren lo que están haciendo Costa de Marfil o el mismo Japón. Nada es producto del azar. Hay trabajo, disciplina, continuidad y objetivos claros. Y si no estamos en estas masterclass del balompié, simplemente no existimos en el mapa futbolístico mundial, y eso lastima el alma pelotera.
Hay empresas que miden los niveles de felicidad en los países y, por supuesto, andamos a la baja porque el fútbol es el opio del pueblo, un fenómeno que mueve el orgullo nacional para arriba o para abajo. Es más, los políticos peruanos deberían prestar atención a los partidos mundialistas con sentido crítico: qué tienen que hacer para meter goles tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo; cómo honrar la representación que han recibido del pueblo a través del voto popular; de qué manera presionar bien arriba para que la mejora del fútbol sea una verdadera política de Estado, más allá de que en la Videna se sientan protegidos por la FIFA.
Porque, en el fondo, el fútbol y la política comparten más similitudes de las que imaginamos. Como también diría el ‘Tigre’ Gareca, en líneas generales ambos espacios generan identidad, lealtad grupal y pasión. Keiko ganó después de cuatro partidos con alargue llamados segundas vueltas.
La diferencia es que los resultados terminan desnundando las capacidades. En el fútbol, el marcador no admite excusas; en la política, los ciudadanos deberían ser igual de exigentes con quienes administran el país. Desde luego, todo pasa por elegir un buen entrenador o director técnico; en política, por entregarle la banda presidencial a una persona preparada, con equipo, estrategia y visión de juego. Porque, al final, ni las selecciones clasifican a los mundiales ni las naciones prosperan confiando únicamente en la suerte: ambas necesitan liderazgo, trabajo sostenido y la convicción de que los grandes triunfos se construyen mucho antes del pitazo inicial.
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“Al final, ni las selecciones clasifican a los mundiales ni las naciones prosperan confiando únicamente en la suerte”.
Fuente original: Diario UNO
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