“Otárola le agradeció por la confidencia y le pidió que lo anunciara. Ni bien ingresó al despacho, saludó a Boluarte con la amabilidad de siempre y se sentó frente al escritorio de la presidenta”.
El problema es que estos descubrimientos son extremadamente costosos y que el costo de cada uno de estos descubrimientos es pagado, precisamente, por quien se pretendía favorecer.