PORKY, EL VIVO

“Hecha la ley, hecha la trampa”, reza el viejo refrán. Y precisamente esa parece ser la fórmula que varios alcaldes han encontrado para intentar perpetuarse en el poder sin vulnerar, al menos formalmente, la ley que prohíbe la reelección inmediata. El caso más emblemático es el del exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga, quien pretende […]

Fuente: La Primera Publicado: 5 min de lectura
PORKY, EL VIVO

“Hecha la ley, hecha la trampa”, reza el viejo refrán. Y precisamente esa parece ser la fórmula que varios alcaldes han encontrado para intentar perpetuarse en el poder sin vulnerar, al menos formalmente, la ley que prohíbe la reelección inmediata.

El caso más emblemático es el del exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga, quien pretende regresar al Palacio Municipal postulando como teniente alcalde. La estrategia es simple: convertirse en primer regidor de la lista y, de darse determinadas circunstancias, volver a ocupar la alcaldía. No se trata de un delito ni de una infracción legal, pero sí de una evidente reelección encubierta que contradice el espíritu de la norma y plantea un serio cuestionamiento ético. Será finalmente la ciudadanía la que juzgue en las urnas este tipo de maniobras.

Lo preocupante es que el ejemplo de López Aliaga parece haber encontrado numerosos seguidores. Al menos otros veinte alcaldes buscan mantenerse en el poder utilizando exactamente el mismo mecanismo. Entre ellos figuran Franco Vidal (Ate), Pablo Mendoza (Carabayllo), Alfredo Reynaga (Independencia), Juan Marticorena (Lurín), Rennán Espinoza (Puente Piedra), Jesús Maldonado (San Juan de Lurigancho), Eduardo Bless (San Miguel), Ricardo Pérez (San Luis), Jessica Vargas (Barranco), Luis de la Mata (Breña), Emilio Chávez (Cieneguilla), Richard Soria (El Agustino), Diego Uceda (La Molina), Malca Schnaiderman (Lince), Luis Castillo (Los Olivos), Mónica Tello (Pueblo Libre), Eulogio Huyhua (Punta Negra), Néstor de la Rosa (Rímac) y George Robles (Santa Rosa).

Todos ellos postulan como tenientes alcaldes, es decir, como primeros regidores de sus respectivas listas. El escenario es conocido: si sus agrupaciones ganan las elecciones y posteriormente el alcalde deja el cargo por cualquier causa prevista en la ley, el primer regidor asume automáticamente la conducción del municipio. Legalmente es posible; políticamente resulta difícil sostener que ello respeta el propósito de la prohibición de la reelección inmediata.

La finalidad de esa reforma nunca fue únicamente impedir que una autoridad vuelva a postular con el mismo cargo. Su verdadero objetivo era garantizar la alternancia democrática, promover la renovación de liderazgos y evitar la concentración del poder municipal. Ese propósito pierde completamente sentido cuando quien deja la alcaldía permanece como el inmediato sucesor.

También resulta evidente que el Congreso dejó un vacío legal. Bastaba incorporar una disposición que impidiera a un alcalde saliente postular como teniente alcalde en el periodo inmediato siguiente para cerrar esta puerta. Esa omisión hoy permite que numerosos políticos exploten una interpretación que desnaturaliza el espíritu de la ley.

Pero las posibilidades para mantenerse en el poder no terminan allí. Existe otro escenario igualmente preocupante: durante el proceso electoral, un candidato a alcalde podría renunciar, ser excluido o quedar fuera de la contienda. En ese caso, la lista continúa vigente y quien encabeza la nómina de regidores pasa a convertirse en el llamado natural para asumir la alcaldía si la agrupación resulta vencedora. Todo indica que algunos tienen perfectamente estudiados los caminos legales para no desprenderse del poder municipal.

Las listas revelan además una marcada concentración por organizaciones políticas. Podemos Perú lidera esta modalidad con seis alcaldes postulando como primeros regidores; le siguen Renovación Popular con cinco, Somos Perú con cuatro, Avanza País con dos, mientras que Alianza para el Progreso y Acción Popular registran un caso cada uno.

Nepotismo electoral

A este fenómeno se suma otro igualmente cuestionable: el relevo entre familiares directos, una práctica que podría calificarse como “nepotismo electoral”. Se trata de situaciones donde quienes ejercen el poder impulsan candidaturas de padres, hijos o hermanos para mantener el control político de la municipalidad.

En Ate, por ejemplo, el actual alcalde Franco Vidal postula como primer regidor mientras que el candidato a alcalde es su padre, Manuel Vidal Camargo. En Puente Piedra ocurre lo contrario: Rennán Espinoza deja como candidato a su hijo, Rennán Espinoza Venegas, mientras él ocupa la candidatura a la tenencia de alcaldía. En Santa Rosa, George Robles acompaña como teniente alcalde la candidatura de su hermano John Robles.

Aunque ninguna de estas situaciones infringe expresamente la legislación vigente, sí generan legítimas dudas sobre la calidad de nuestra democracia y sobre el verdadero respeto al principio de alternancia.

A ello se suma un elemento adicional: el cargo de alcalde es irrenunciable por ley. Sin embargo, existen otras figuras legales —como la vacancia— que podrían ser utilizadas para facilitar el retorno al poder de quienes hoy buscan asegurar una posición privilegiada dentro de sus listas.

Todo ello demuestra que la legislación electoral municipal necesita ser revisada con urgencia. El Congreso debe corregir los vacíos que hoy permiten estas reelecciones indirectas y establecer reglas claras que garanticen una verdadera renovación de autoridades. De lo contrario, la prohibición de la reelección inmediata terminará siendo apenas una formalidad, fácilmente burlada por quienes conocen cómo encontrar la trampa dentro de la propia ley.

Los legisladores que aprobaron la norma pecaron de ingenuos. Olvidaron que, en política, siempre habrá quienes intenten encontrar el resquicio legal para quedarse un periodo más. Y, al parecer, algunos ya demostraron que saben hacerlo muy bien.

Hasta la próxima mis amigos de Primera.

Fuente original: La Primera

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