La efervescencia política que se vive en estos momentos en el país ha distraído la atención de la ciudadanía frente a un hecho que quedará subrayado en la historia del Perú. En medio de una segunda vuelta electoral, entre dos candidatos totalmente opuestos, el país se encuentra polarizado en dos. El profesor Pedro Castillo y Keiko Fujimori, ha capturado la atención de todos los peruanos, que están dejando pasar inconscientemente la trascendencia de estos comicios, pues se trata de la culminación de las elecciones generales del Bicentenario de la Independencia nacional.

Lamentablemente la conmemoración de los 200 años de la Independencia del Perú nos coge casi con el mismo ambiente de inestabilidad e incertidumbre política que se vivió en el momento primigenio, hace dos siglos en que se proclamó el grito independentista en la voz de don José de San Martín en la plaza pública.

La pandemia del covid-19, los miles de muertos que esta ha ocasionado, sumado a la crisis económica y la inestable situación política que ya afectaba al país, nos dicen que verdaderamente no hay motivos para celebrar, aunque sí para conmemorar una fecha tan significativa.

Este somero análisis, nos puede llevar a la conclusión que transcurridos 200 años de vida republicana el Perú no ha madurado progresivamente lo suficiente. Nuestro país se ha modernizado casi por inercia y necesidad en muchos aspectos. Pero la polarización política que se vive en estos momentos nos dice que no hemos evolucionado en el pensamiento político. No hemos sido capaces de crear una ideología autóctona y moderna en base a nuestra realidad particular. No hemos sido capaces de impulsar la educación democrática en el país. No hemos sido capaces de proyectar una cultura de política basada en el respeto por las ideas y nutrida por la obligación de la tolerancia sin violencia. Todo ello nos ha traído a escenarios lamentables como los que se viven ahora, en que los partidarios y simpatizantes se convierten en enemigos mortales y violentos, capaces de cualquier atrocidad con tal de ver que sus ideas prevalecen sobre las de sus oponentes, y se olvidan que nacimos en la misma tierra, respiramos el mismo aire, y nuestros hijos y nietos tendrán que convivir juntos en el suelo que estamos pisando. No entendemos que el mal de uno, es la desgracia del otro, que un mal gobierno nos afecta a todos y que aquí no habrá ganadores ni perdedores, pues al final todos estamos en el mismo equipo y subidos sobre el mismo barco.

El desarrollo de la política a través de la historia siempre ha tenido un tono de discusión y desavenencias, y es probable que siempre sea así, lo que no debe continuar es la insania con que los peruanos nos dejamos llevar en momentos como en el que vivimos. Por lo que urge mejorar la educación y la formación emocional de los peruanos, para que a futuro el desarrollo de unas elecciones no sea una barbárica batalla campal, sino la realización de una fiesta intelectual, donde las ideas se combaten con ideas, sin arengas, ni gritos desaforados. Urge modernizar y desarrollar la política en el Perú.

Volviendo al momento actual, este domingo saldrá elegido el nuevo presidente del Bicentenario de la Independencia y tendrá en sus manos la responsabilidad y la oportunidad de escribir en la historia de nuestra Nación el nacimiento de una nueva era. El surgir de una corriente de ciencia y tecnología que el Perú necesita verdaderamente. Basta de corrupción y desperdiciar recursos y momentos favorables, necesitamos dar el gran salto al primer mundo. Que se cumpla la voluntad popular, por el bien del Perú. Hasta la próxima semana mis amigos de Primera.

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