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Con el título ‘Punto de inflexión’: La Bomba y la Guerra Fría, Netflix lanzó una excelente serie documental de 9 episodios, que relata la evolución de las relaciones de Rusia con Occidente desde la Segunda Guerra Mundial.

La serie toca numerosos aspectos que, cual piezas de rompecabezas, se terminan ensamblando en los episodios ocho y nueve para explicar dos temas de gran relevancia para el futuro de la humanidad: el actual conflicto en Ucrania y la masiva manipulación del país liderado por Vladímir Putin hacia la opinión pública mundial.

Los primeros siete capítulos proporcionan un amplio contexto para entender el ascenso de Putin durante los años 90 y conocer sus motivaciones.

Muchos puntos pueden ser, por si solos, objeto de discusión y análisis como, por ejemplo, las intervenciones de los Estados Unidos en los años 50, que resultaron en los derrocamientos de gobiernos en Irán y República Dominicana.

Algunos critican que se hayan omitido temas como el hecho bélico en Vietnam. Otros juzgan que se ponga en duda la necesidad de haber usado bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Sin embargo, estos casos no deberían distraernos de los dos temas de gran relevancia mencionados.

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Entre los ‘topics’ que se abordan en la octava entrega, es importante resaltar la fallida intervención rusa en las elecciones de la nación de Volodímir Zelenski  en 2004 que, debido a protestas populares, concluyeron con la elección del opositor Viktor Yushchenko, lo cual enfureció a Vladímir, quien siempre había visto a Ucrania como parte de su territorio.

El noveno episodio relata la historia más reciente, desde el 2004, destacando las declaraciones de Putin contra la posible incorporación a la OTAN de países que formaron parte de la Unión Soviética (URSS).

En ese episodio se relata la invasión rusa a Georgia en 2008, que logró la anexión del 20% del territorio de ese país a Rusia, así como la anexión rusa de la península ucraniana de Crimea en 2014.

Ambas agresiones a países soberanos no generaron sanciones de los países de occidente contra Rusia, permitiendo a Putin concluir que podía hacer lo que quisiera en los territorios que pertenecieron a la URSS, lo cual dio lugar a la nueva invasión de Ucrania en 2022.

Putin no deja de amenazar con el uso de armas nucleares en caso de agresión, real o aparente, por parte de la OTAN. Con una amenaza de esa magnitud, el avance bélico de Putin puede no tener límites.

¿Si ese chantaje le viene funcionando bien, por qué parar? ¿Hasta qué punto están los países de la OTAN dispuestos a permitir que Putin continúe su agresión contra Ucrania o ataque a otros países soberanos, antes de adoptar medidas más enérgicas? ¿Lituania, Latvia y Estonia serán los siguientes? ¿Y luego los países de Europa Oriental?

¿Están conscientes los ciudadanos rusos que en caso de cumplirse las amenazas de su líder la respuesta de la OTAN conduciría una confrontación nuclear? Es importante comunicar a la población rusa las posibles consecuencias para ellos.

Los países de occidente, especialmente los más cercanos geográficamente a Rusia, deberían promover una corriente de opinión en Rusia que modere la actuación de Putin.

En ese mismo episodio final de la serie, se describe el creciente uso de las redes sociales por parte de Rusia a partir del 2014, para difundir narrativas falsas y generar tensiones, con el objetivo de socavar los sistemas democráticos y lograr la elección de los candidatos más convenientes para Rusia.

Se menciona que, para ese fin, Rusia busca generar conflictos, dentro y entre localidades apoyando en algunos casos a grupos de izquierda y en otros a la derecha.

Relata, por ejemplo, las denuncias de Hillary Clinton sobre la intervención rusa en las elecciones norteamericanas del 2016, donde fue elegido Donald Trump.

Con estos antecedentes, los norteamericanos se deberían preguntar hasta qué punto el cambio en la opinión pública acerca del apoyo norteamericano a Ucrania, observado en ese país en meses recientes, no es acaso producto de una masiva campaña de desinformación dirigida desde Rusia, que tiene a Donald Trump como su principal exponente.

Por nuestra parte, los peruanos nos debemos preguntar hasta qué punto el Perú no viene siendo objeto de este tipo de acciones de desinformación, por parte de Rusia o algunos de sus satélites como Cuba, que pueden haber influido en eventos como las protestas por la vacancia de Vizcarra que generaron la caída de Manuel Merino o la campaña antifujimorista que dio lugar a la elección de Pedro Castillo.

Por Jorge Peschieria Casinelli

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