“El camino de Dios no está exento de sufrimientos corporales”, fue la frase más usada por Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, grupo religioso allegado a la iglesia católica que busca la santidad a través del auto sufrimiento.

Este grupo ha sido puesto, útilmente, en la tarima política por el candidato Rafael López Aliaga que aseguró que usaba estas prácticas de autolesionarse para reprimir sus deseos sexuales.

En este sentido, Aliaga aseguró que usaba el cilicio, un accesorio utilizado para provocar deliberadamente dolor o incomodidad. “Hasta cayos me ha salido”, declaró el candidato presidencial, indicando que lo utilizaba por 10 a 20 minutos.

¿Pero es solo el cilicio la única practica de autolesión?

Opus Dei ha admitido en distintas ocasiones que sus miembros siguen empleando diferentes herramientas de mortificación las cuales son: la flagelación, empalarce (llevar una soga de 80 metros enroscada en su torso) e incluso colocarse objetos con púas.

Por su parte, el sacerdote Javier Sesé, Doctor en Sagrada Teología, aseguró que “desde el inicio del cristianismo, lo enamorados de Cristo” hicieron una serie de sacrificios.

“El ayuno de Jesús respondieron con ayuno y abstinencia; a su no tener ‘donde reclinar la cabeza’ con vigilias, dormir en el suelo o sobre lechos y cabezales duros; a su flagelación, con flagelación; a su coronación de espinas, con cinturones de pinchos o similares (cilicios); a su “vía crucis’, cargando con una cruz (nazarenos), etc”, indicó.

En esas mismas líneas el especialista afirmó que los miembros del Opus Dei creen que “la mortificación, el cilicio y la disciplina, son un medio, un camino a Dios”, pese a que la iglesia ha rechazado estas prácticas.

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