Le cambiaron la vida. Sandrita fue abandonada en un hogar de ancianos a los 2 años y desde entonces vivió allí toda su vida. Florencia siendo ya madre soltera conoció a la niña y se la presentó a sus hijos, quienes la amaron como a una hermana. Nunca había dado paseos ni celebrado su cumpleaños.

Florencia Souto es una madre argentina que vive en Bariloche y que en 2017 su vida dio un brusco cambio, luego de comenzar a trabajar administrativamente en un hogar de ancianos.

Cuando se encontraba en la oficina, el primer día, le dijeron que llamara a las cuidadoras para que las conociera, entre ellas estaba Sandrita, a quien imaginó como una señora mayor, pero se trataba de una niña de apenas 9 años, que en cuanto la vio la abrazó y le dijo “mamá”.

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Florencia se percató que tenía síndrome de Down y no podía concebir que estuviese viviendo toda su vida entre ancianos, sin conocer gente de su edad.

Al llegar a casa, Florencia le contó a sus hijos de 10 y 5 años sobre esta niña y éstos quedaron entusiasmados en conocerla, así que los siguientes días irían de visita, donde comenzarían a formar un lazo más fuerte que la amistad, serían verdaderos hermanos. La iban a buscar después de la escuela y paseaban juntos.

Mientras más estrechaban sus lazos, el Juzgado de Familia invitó a Florencia ser la “figura de apoyo” de Sandra y con el tiempo adoptarla. Sin embargo, no creía que fuese una decisión únicamente de ella, sino también de sus hijos. De todas formas no necesitaron pensarlo mucho, la pequeña de nueve años era prácticamente de la familia, solo faltaba compartir casa.

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Si bien el expediente de la pequeña mencionaba el síndrome de Down, omitía las otras enfermedades, por lo que el cuidado de Sandrita incluía una gran responsabilidad. La madre reconoce que a veces los recursos quedan cortos, pero todo sea por darle una mejor calidad de vida.

Sandrita tuvo que aprender a adaptarse a una nueva vida. Las primeras noches fueron complicadas puesto que le daba miedo no estar en su habitación de siempre.

Las celebraciones eran difíciles y el día de su cumpleaños se incomodó porque nunca había recibido regalos y no sabía qué hacer con ellos. No obstante, con el tiempo comenzó a cambiar su mirada, estaba más relajada, cómoda y feliz.

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Florencia cuenta que al adoptar a Sandra rompieron con los estereotipos, porque no se trataba de una pareja adoptando, sino de una madre y dos hijos queriendo hacerlo.

El cuidado de la pequeña quedó a cargo de los tres, quienes cumplen distintas tareas según sus capacidades y a medida que pasa el tiempo, los niños van tomando mayores responsabilidades.

Actualmente Sandrita tiene 17 años y el Poder Judicial finalmente concedió la tenencia a Florencia. Ahora la niña es oficialmente parte de la familia y ha adoptado su nuevo apellido.