JORGE MANCO ZACONETTI

 

La historia tiene un fin educativo, y los pueblos que no aprenden de ella cometen los mismos errores. Después de la infausta guerra del “guano y el salitre”, el Perú quedó sin las fuentes de sus principales riquezas naturales. Ello no sucede ahora, donde tenemos grandes posibilidades de crecimiento económico si se alcanzan consensos políticos.

Quebrado fiscalmente antes de empezar la guerra de 1879, ilusionado por la riqueza falaz del guano, no tuvimos el crédito internacional para la compra de buques ni armamento moderno, al margen de la lucha de los caudillos en plena guerra. Hoy tenemos credibilidad económica internacional con peligrosos populismos de izquierdas y derechas.

Habiendo perdido la rica provincia de Tarapacá el Perú, y Antofagasta Bolivia, hoy fuentes de la principal riqueza de Chile, el cobre y la harina de pescado, tenemos que “recrear la historia” de lo que fue la reconstrucción económica financiera del país, luego de 1884.

Con la derrota militar, la ocupación y destrucción sistemática de las fuentes de riqueza por parte del ejército chileno, la división Lynch y los cupos cobrados a las haciendas y complejos azucareros. Prácticamente sumido en el empobrecimiento general, donde siempre la factura la pagaron los campesinos, artesanos y las clases medias surgidas del proyecto modernizador de Manuel Pardo en 1872.

Igualmente tuvimos miles de muertos en la guerra “del guano y salitre”, pero menos de la mitad de los casi 111 mil fallecidos hasta ahora por el Covid, según cifras del Sinadef (Sistema Nacional de Defunciones). Es más, en las batallas de San Juan y Miraflores lo mejor de la juventud ofrendó la vida por la patria. Hoy está juventud está en el subempleo.

INVERSIONES CON CRÉDITO

Hoy estamos en guerra contra un virus que afecta al conjunto de países del mundo, con mayor o menor intensidad, según la capacidad de respuesta de las instituciones de cada país. Los países asiáticos mejor situados de lejos que los europeos, norteamericanos y latinoamericanos.

A diferencia del siglo XIX, el Perú tiene crédito internacional para financiar la recuperación económica. Tenemos comprometidos más del 38 % del PBI como porcentaje de la deuda pública externa. Es decir, tenemos por decirlo así un techo de 20 puntos más de endeudamiento para estar cerca a un promedio de América Latina para pagarlo en los próximos decenios.

La tasa de interés internacional está barata y lo más importante, el país es sujeto de crédito a diferencia del pasado más reciente del experimento populista de Alan García de los años ochenta del siglo pasado.

Esta recuperación económica es fundamental para superar el creciente subempleo que agobia a más del 70 % de la Población Económica Activa (PEA) aproximadamente 18 millones de peruanos fuertemente afectada por la pobreza; aquí es sustantiva la participación del capital privado interno y externo en términos masivos.

En estas condiciones la inversión productiva que reactive la industria interna y las fuentes de exportación de recursos naturales en especial de la agroindustria resultan de prioridad absoluta, agregada a la minería y pesquería que tienen demanda internacional.

Para ello resulta de primer orden recrear la suficiente confianza a los inversionistas del respeto a los contratos firmados y por firmar. En el caso de los contratos entre el estado y las empresas una condición básica resulta ser la transparencia en la lucha contra la corrupción, y evitar las famosas adendas que elevan a la máxima expresión la inversión original.

ELECCIONES DECISIVAS

Próximos a una elección decisiva del destino del país para los próximos años, se requiere elegir a personalidades y partidos que aseguren el orden democrático y el fortalecimiento de las instituciones en la lucha contra la corrupción, superando el “Estado Empírico” de Jorge Basadre.

En tal sentido resulta curiosa la posición de grandes empresarios y voceros de la CONFIEP que afirman que el mejor régimen de la historia republicana del país, ha sido la dictadura corrupta de Alberto Fujimori que subordinó a las fuerzas armadas y policiales, con prebendas y negociados.

Se requiere en estos momentos de crisis sanitaria, económica, política y moral, la suficiente grandeza para convocar a los mejores peruanos profesional y éticamente, en el próximo gobierno, como lo hizo Ramón Castilla en 1856, cuando convocó a las personalidades liberales que constituyeron lo más progresista de su gobierno.

Es urgente y necesario concertar, pactar, negociar con los grandes capitales y Grupos de Poder económico como lo hizo Franklin Delano Roosevelt cuando aplicó en New Deal (Nuevo Trato) para superar la gran depresión de 1932, con una serie de subsidios a los trabajadores y subvenciones a las empresas para que puedan invertir.

Hoy la palabra mágica debe ser el fomento, promoción de las inversiones privadas de las grandes empresas, medianas y pequeñas pues todas están articuladas en los “mercados imperfectos” que tenemos.

La ejecución de las inversiones públicas y privadas tendrán efectos multiplicadores en el 2021/ 2023 cuando la mayoría de peruanos estemos vacunados contra el “corona virus”, pero todavía estaremos afectados por la caída del PBI del 2020.

Es urgente y necesario fomentar inversiones privadas en sectores productivos de rápida maduración. En especial de éstos 13 mil peruanos que tienen sus depósitos y ahorro bancarios por más de US $ 12 mil millones de dólares en paraísos fiscales y la banca internacional. ¡Esta riqueza generada en el país debe regresar!

El próximo gobierno tiene que ser un “gobierno de salvación nacional”, sin exclusiones ni radicalismos fundamentalistas de crear una “Nueva República”, como si tuviésemos el tiempo político para aventuras en un Congreso de la República que estará fuertemente fragmentado, sin la mayoría del partido de gobierno y donde las “incapacidades morales” del ejecutivo estarán al orden del día.