Andy Zúñiga

 

Las elecciones legislativas y municipales del último domingo en El Salvador significaron un importante espaldarazo a Nayib Bukele, presidente salvadoreño desde 2019.

Nuevas Ideas (NI), partido del que Bukele forma parte, junto a la Gran Alianza Nacional (GANA), partido con el que llegó al poder, han obtenido aproximadamente 53 escaños marcando un hito en la historia del país centroamericano puesto que nunca antes una coalición había conseguido un resultado similar. De esta forma, el actual presidente y sus aliados acabaron con el bipartidismo tradicional dejando rezagados tanto a ARENA (Alianza Republicana Nacionalista) como al FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional).

Asimismo, estos resultados no solo muestran el hartazgo de la nación salvadoreña frente a la política más tradicional sino también van a permitir a Bukele ejercer mayor control sobre las instituciones más relevantes de su país pues podrá tener injerencia en los nombramientos de los integrantes de la Corte Suprema, Contraloría y Fiscalía. Además, el mandatario interpretó su arrolladora victoria como una muestra de descontento de la población de su país ante lo poco que hicieron los partidos más antiguos y un respaldo fundamental a su gestión. El jefe de Estado no dudo en hacer notar su satisfacción vía twitter en donde señaló “Todos estamos cansados, pero falta poco. Nuestro pueblo esperó 40 años para esto. (…). Estamos escribiendo la historia de nuestro país”.

Igualmente, la tensa relación entre el Congreso y el Ejecutivo fue una constante durante el gobierno de Bukele. Dicha tensión tuvo su punto más álgido cuando el 9 de febrero de 2020 el actual presidente salvadoreño ingresó a la fuerza a la Asamblea Legislativa acompañado por militares y policías para exigir que el Congreso aprobara un préstamo con el fin de mejorar las fuerzas de seguridad. Sin embargo, estas fricciones ya no serán habituales ya que cuenta con la mayoría absoluta en el Legislativo en donde incluso podrá emprender reformas constitucionales.

No obstante, la victoria oficialista no ha estado exenta de crítica debido a que se ha cuestionado más de una vez el origen de los fondos utilizados en la campaña. Nuevas Ideas, el partido de Bukele, gastó más de 6 millones de dólares, mientras que ARENA, el otro partido que más gastó, no llega siquiera al millón de dólares. También, la gestión presidencial se encuentra en el ojo de la tormenta debido a los múltiples señalamientos por hechos de corrupción, nepotismo, mal manejo de las cuentas públicas y violaciones a los derechos humanos.

En síntesis, con la mayor acumulación del poder consecuencia de las últimas elecciones Bukele podrá emprender reformas económicas y sociales que no se verán entrampadas en el Congreso. Empero, se desconoce aún cuáles serán sus primeras medidas teniendo en cuenta que El Salvador también está sufriendo los efectos de la pandemia de Covid-19, aunque el gobierno ha sabido mitigar el impacto a través de la entrega de bonos de 300 dólares a las familias y la entrega de diversos insumos generando un sustancial apoyo que se ha visto reflejado en el resultado electoral.