El comandante de la policía, miembro de mi promoción, me recomendó que me tranquilizara y que deje todo en sus manos. Me calmó el saber que él se hacía cargo de todos los procedimientos policiales para ubicar a la banda que atacó a mi “Negrito”.

Al escuchar las palabras enérgicas de mi amigo policía, me quedé más tranquilo. Ahora a pensar cómo lo remolco hasta un lugar seguro. ¿Una grúa en toque de queda?, ni hablar. ¿Empujar? Solo no lo podría. En esos momentos tuve que llamar nuevamente a otro contacto para pedirle una ayuda y que traiga su carrito para jalar a mi “Negrito” a puerto seguro.

No recibí respuesta y en esos momentos puse en ejecución el PLAN B, así que ni modo, me fui a hablar con los vigilantes de la empresa donde laboro para pedirles que me echen una manito para mover el auto adentro.

Como mi auto es ligero, lo pudimos cuadrar en 3 minutos. Con la seguridad ya establecida me fui a descansar mientras iba pensando en las medidas urgentes a tomar.

Un tanto difícil conciliar el sueño luego de haber pasado tamaño impasse. Por la cabeza me pasaban todos los recuerdos pasados con el “Negrito” y me hacían sentir peor. Me culpé de lo que pasó sumado a ello por la inseguridad en que se ha sumergido el país.

Lo bueno es que tenía las posibilidades de poder arreglarlo porque manejo un sistema previsor, más aún en pandemia. Trataba de darme ánimos bajo la premisa de que pude perder el auto y que lo sucedido tenía solución inmediata.

A las siete de la mañana me puse en contacto con cuatro personas que sobre el tema automotriz la conocen y muy bien. Cada uno me dio su opinión y solución. Lo más pintoresco es que todos coincidían en una afirmación: MIRA CARLONCHO, TUS AUTOPARTES LA ENCUENTRAS EN LA 50 y en SAN JACINTO. No de otra. Incluso mi amigo comandante también me dijo lo mismo.

Recién, luego de este suceso caigo en cuenta que todo esto se maneja dentro de un círculo delincuencial que se trabaja bajo pedido. Como a mí nunca me había sucedido algo similar en la vida fue algo novedoso para este servidor acostumbrado a manejar y ser testigo de muchas anécdotas, pero que nunca me afectaron directamente.

La solución, al final, me la dio un colega taxista, quien me recomendó un técnico electrónico. A pesar que no lo conocía, confié en él y me puse a su disposición. Él chofer tenía el mismo nombre de mi hermano, se le notaba rebuena gente y me inspiró confianza.

Hoy el Negrito está de nuevo en las calles, gracias al apoyo de un perfecto desconocido. Un conductor de buen corazón que confío en este servidor y yo en él… Sigo en la vía.

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