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Sólo unas tablas separan a la familia Berrío y sus animales de las aguas pútridas que invadieron su casa. En la región colombiana de La Mojana constantes inundaciones causadas por la deforestación y la minería provocan una crisis agravada por la corrupción estatal.


El 6 de mayo el agua atravesó el dique de arena que protegía a los casi 500.000 habitantes de esta planicie del Caribe, donde agricultores y ganaderos se han asentado junto a un enorme sistema de humedales y ciénagas. Hay 32.000 afectados, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios. 

Las aguas del caudaloso y contaminado río Cauca irrumpieron en los poblados y cubren miles de hectáreas cultivadas principalmente con arroz.  

"Todo se nos ahogó. Los poquitos animales que hay están alzados (sobre tablas),se están muriendo. Esta agua es muy infecciosa", se lamenta Rosiris Berrío (47 años),quien vive con su pareja y dos hijos pequeños en el corregimiento de La Sierpe. 

La familia hace equilibrio sobre tablas para evitar que el agua turbia le llegue a las rodillas. "Uno se tira y le da rasquiña (comezón),pero le toca para ir a la tienda" y hacer otras actividades, dice entre lágrimas Rosiris, quien asegura no haber recibido ayudas estatales. 

De acuerdo con autoridades, en el agua hay mercurio de las minas ilegales de oro que abundan río arriba, una de las causas de las inundaciones junto a la deforestación. 

A cargo de la emergencia está una entidad envuelta en un escándalo de corrupción.

"¿Adónde?" 


Los pobladores de esta región que pisa los departamentos de Sucre, Bolívar, Antioquia y Córdoba coinciden en que las inundaciones se han vuelto más graves y frecuentes. 

"Tenemos de corrido cuatro años (inundados). Económicamente estamos muy mal. Uno estas tierras las cultivaba, vivía feliz", dice con el agua hasta la cintura José Ruendes, un agricultor de 59 años que resguarda su bicicleta, cama y electrodomésticos en un altillo improvisado con palos.  

La ministra de Ambiente, Susana Muhamad, ha alertado que la deforestación viene colmando los ríos de sedimentos, haciéndolos más propensos a desbordarse.

Carlos Carrillo, director de la estatal Unidad Nacional de Gestión de Riesgo y Desastres (UNGRD),agrega otro culpable: la minería. "Como se hace a través de dragas genera cambios muy complejos en la dinámica del río", que cada vez tiene menos profundidad, explica a la AFP. 

La casa azul de Rosiris aún conserva las marcas descoloridas de otros desastres. Entre 1998 y 2020 la región sufrió 338 inundaciones, según datos oficiales. La más reciente llegó cuando sus habitantes, la mayoría campesinos pobres, se reponían de las aguas que arrasaron sus cultivos en 2021.  

El presidente Gustavo Petro sostiene que reconstruir el dique no es una solución a largo plazo y en su lugar propone reubicar a los damnificados en lotes comprados por el gobierno en zonas altas. 

La idea divide a los habitantes: "¿Pero adónde se va uno? No es fácil empezar de nuevo, buscar trabajo para uno que no es profesional", explica Rosiris Berrío.

A unos 30 minutos de su vivienda, en un campamento de lonas plásticas, la desplazada Ana Dolores Valerio, se dice dispuesta a mudarse. 

A cargo de 13 menores entre hijos y nietos, Valerio anhela "tierra seca para poder trabajar". Es la quinta vez que las aguas la obligan a acampar junto a la carretera en los últimos 20 años.

Inhumano


Más allá del debate, los líderes locales claman por acciones inmediatas para atender la crisis. 

"Estamos viviendo inhumanamente porque hay familias que al día hacen una sola comida", denuncia Néstor Ortiz, presidente de La Sierpita, uno de los poblados más afectados. 

Allí, la única escuela cerró por las inundaciones y los acueductos colapsaron liberando aguas residuales que entran a las viviendas.

También acusan corrupción. La UNGRD es sacudida por un escándalo de desvío de recursos públicos. El contrato para la construcción del dique que colapsó es uno de los que está bajo investigación. 

Carrillo, quien asumió su cargo este año tras las denuncias que forzaron la salida de su antecesor, admite que las obras avaluadas en 34 millones de dólares no avanzan al ritmo esperado: "El contratista pareciera no estar dando todo de sí para cerrar ese boquete" de unos 70 metros, explicó.

Entretanto, truenos lejanos advierten a los pobladores de La Mojana que la temporada de lluvias apenas comienza y pronto los ríos bajarán con más fuerza. 

"Ya sabe uno lo que viene", dice Cristo Sánchez, un anciano cuya vivienda parece apenas un punto en medio del agua. 

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(FIN) AFP/JAM

Publicado: 25/5/2024