¡PERÚ: EL PAÍS DE LAS CASAS QUE NUNCA TERMINA DE CONSTRUIRSE!
Los recientes terremotos en Venezuela vuelven a encender las alarmas sobre la vulnerabilidad de millones de viviendas autoconstruidas en el Perú, un país donde siete de cada diez hogares fueron levantados sin asistencia técnica especializada. Las imágenes de edificios derrumbados y viviendas reducidas a escombros tras los recientes terremotos registrados en Venezuela han vuelto a […]
Los recientes terremotos en Venezuela vuelven a encender las alarmas sobre la vulnerabilidad de millones de viviendas autoconstruidas en el Perú, un país donde siete de cada diez hogares fueron levantados sin asistencia técnica especializada.

Las imágenes de edificios derrumbados y viviendas reducidas a escombros tras los recientes terremotos registrados en Venezuela han vuelto a abrir un viejo debate en el Perú: ¿qué tan preparadas están nuestras ciudades para enfrentar un gran sismo?
La pregunta adquiere especial relevancia en un país ubicado sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico y donde millones de personas habitan viviendas autoconstruidas, muchas de ellas inconclusas, levantadas durante décadas conforme las posibilidades económicas de cada familia lo permitieron.
En el Perú, las columnas de concreto con varillas de acero expuestas que sobresalen de los techos forman parte del paisaje urbano. Son el símbolo de una promesa pendiente: un segundo o tercer piso que algún día podría construirse. Pero también reflejan un problema estructural que combina informalidad, ausencia de planificación urbana y profundas brechas económicas.
Según el Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), siete de cada diez viviendas en el país fueron autoconstruidas. Un estudio citado por el diario El Comercio precisa que el 71% de las 6,6 millones de viviendas existentes fueron levantadas bajo esta modalidad y apenas un 3% alcanza estándares adecuados de calidad constructiva.
Un país en permanente construcción
Para el urbanista Wiley Ludeña, profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú, el Perú es un país que nunca termina de construirse. Lima, sostiene, puede entenderse como una gigantesca ciudad informal que continúa edificándose generación tras generación.
El fenómeno comenzó a consolidarse a partir de la década de 1960, cuando las grandes migraciones del campo hacia las ciudades provocaron un severo déficit habitacional. La autoconstrucción apareció entonces como la única alternativa posible para millones de familias que no encontraban respuesta en las políticas públicas de vivienda.
Así nacieron las llamadas barriadas, muchas de las cuales terminaron formalizándose con el paso del tiempo. Sin embargo, sus viviendas nunca llegaron a completarse del todo.
La historia de Alejandra Gómez y Mirsa Amasifen, vecinas del distrito limeño de Los Olivos, es un reflejo de esta realidad. Les tomó casi treinta años culminar la construcción de una vivienda de tres pisos en la que participaron tres generaciones de una misma familia.
Su caso está lejos de ser excepcional.
El precio de la informalidad
Los especialistas coinciden en que el principal obstáculo continúa siendo económico.
Muchas familias deben escoger entre terminar un dormitorio, pagar la educación de sus hijos o cubrir gastos básicos del hogar. Otras modifican permanentemente sus viviendas para alquilar habitaciones adicionales y complementar sus ingresos, lo que convierte a la construcción en un proceso prácticamente interminable.
La geógrafa Tania Herrera, doctora por la Université Paris Cité, advierte además que las cifras oficiales podrían estar subestimando la verdadera magnitud del problema. Según datos del Observatorio Nacional de Prospectiva del Perú correspondientes a 2023, el 44,6% de los aproximadamente 34 millones de habitantes del país reside en barrios marginales, asentamientos informales o viviendas consideradas inadecuadas.
Por su parte, el abogado Erick Lau, especialista en derecho inmobiliario y urbanístico, sostiene que la extendida creencia de que las viviendas se mantienen inconclusas para pagar menos impuestos no constituye la principal explicación del fenómeno.
«La falta de recursos económicos sigue siendo el factor determinante», señalan los especialistas, quienes reconocen también la existencia de un componente cultural que ha normalizado la imagen de las viviendas sin terminar dentro del paisaje urbano peruano.
Políticas públicas que no alcanzan
El déficit habitacional tampoco ha logrado ser atendido de manera suficiente desde las políticas públicas.
Julio Calderón Cockburn, profesor especializado en realidad social urbana del Instituto Lincoln, explica que países como Chile, México, Colombia o Brasil han apostado por políticas preventivas de vivienda social destinadas a evitar la expansión de la informalidad urbana.
El Perú, en cambio, ha privilegiado programas basados en bonos, créditos y subsidios cuya cobertura resulta limitada para millones de trabajadores informales.
La situación se vuelve más compleja si se considera que la informalidad laboral supera el 70% en el país, una realidad que dificulta el acceso de las familias más vulnerables al sistema financiero y a los programas estatales existentes.
Aunque el Congreso aprobó en 2021 una ley destinada a mejorar la planificación urbana, la regularización predial y la asistencia técnica para la construcción, diversos especialistas consideran que sus efectos aún son insuficientes para revertir décadas de crecimiento urbano informal.
La amenaza del gran terremoto
Sin embargo, el mayor desafío podría estar aún por venir.
Los recientes terremotos registrados en Venezuela han puesto nuevamente en evidencia los riesgos que enfrentan los países latinoamericanos donde predomina la autoconstrucción informal.
El Perú no es ajeno a esa amenaza.
Tania Herrera recuerda que estimaciones realizadas en 2014 proyectaban que un terremoto superior a siete grados podría provocar el colapso de más de un millón de viviendas únicamente en Lima Metropolitana.
La capital peruana no experimenta un sismo de gran magnitud desde la década de 1970. En consecuencia, millones de viviendas construidas durante los últimos cincuenta años jamás han sido sometidas a una prueba de esa naturaleza.
La preocupación de los especialistas no radica únicamente en las viviendas inconclusas, sino en la ausencia de asesoría técnica especializada durante su construcción. En numerosos casos, las edificaciones son levantadas con conocimientos transmitidos entre familiares, vecinos o maestros de obra, sin supervisión profesional ni estudios estructurales adecuados.
Un sueño pendiente
El sueño de la casa propia ha sido históricamente uno de los principales motores del desarrollo urbano peruano. Gracias a la autoconstrucción, millones de familias lograron acceder a una vivienda que de otra manera habría sido inalcanzable.
Sin embargo, ese mismo fenómeno plantea hoy enormes desafíos en materia de seguridad, planificación urbana y acceso a una vivienda digna.
Mientras persistan las limitaciones económicas, la debilidad de las políticas públicas de vivienda social y la falta de asistencia técnica para la construcción progresiva, el Perú continuará siendo —como señalan diversos especialistas— un país que nunca termina de construirse.
Y ante la inevitable llegada del próximo gran terremoto, la pregunta ya no es únicamente cuándo ocurrirá, sino cuán preparados estaremos para enfrentarlo.
Fuente original: La Primera
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