La trampa del “Mal menor”

Escribe: Luis Alberto Chávez RiscoMagíster en Ciencia Política El 12 de abril volveremos a las urnas, una vez más, con la sensación incómoda de estar eligiendo no lo que queremos, sino lo que creemos que es menos dañino. Desde 1980, año en que el Perú recuperó el derecho a elegir libremente a sus autoridades, hemos […]

Fuente: Diario UNO Publicado: 3 min de lectura
La trampa del “Mal menor”

Escribe: Luis Alberto Chávez Risco
Magíster en Ciencia Política

El 12 de abril volveremos a las urnas, una vez más, con la sensación incómoda de estar eligiendo no lo que queremos, sino lo que creemos que es menos dañino. Desde 1980, año en que el Perú recuperó el derecho a elegir libremente a sus autoridades, hemos atravesado una larga —y a ratos accidentada— primavera democrática, marcada por una constante: la lógica persistente del “Mal
Menos”.
Es primavera ha mostrado, en los últimos años, signos evidentes de agotamiento. Desde la elección de Pedro Pablo Kuczynski en 2016, el país no ha logrado completar un solo período presidencial sin sobresaltos.
En este periodo, debimos tener dos presidentes que cumplan su mandato en diez años; tuvimos siete. En algunos casos, actuando al límite —y a veces al borde— del marco constitucional.
Formalmente, la democracia ha resistido. Las elecciones se han realizado, el voto se ha respetado, y la Constitución no ha sido suspendida –aunque sí reformada en varios aspectos–. Pero en la práctica, los márgenes constitucionales han sido estirados hasta casi descoserse. La inestabilidad se volvió norma.
Y, sin embargo, aquí estamos otra vez. Con más candidatos que oferta, un escenario electoral atomizado y un electorado desconfiado y tentado a decidir en el último momento. En ese contexto, el riesgo es volver a votar no por convicción, sino por descarte, por rechazo al otro.
Evitar el “mal menor” exige tomarse en serio el acto de votar.
Eso comienza por el gesto básico y poco habitual de informarnos bien y leer los planes de gobierno. Un plan no lo es todo, pero sí permite separar lo serio de lo improvisado, la promesa posible del engaño populista.
Pero votar responsablemente no se agota en la elección presidencial. El Perú ha aprendido —a un costo muy alto— que la gobernabilidad no depende solo del Ejecutivo. El Congreso de la República ha sido, en los últimos años, más que contrapeso, un factor de poder permanente.
Elegir buenos congresistas es una decisión central. El Congreso legisla, fiscaliza y representa. Si falla en esas tres funciones, el sistema entero se resiente.
Presidentes razonables pueden quedar paralizados o pueden ser rehenes del próximo Congreso.
El desafío de estas elecciones no es solo elegir autoridades, sino recuperar la idea de que la política debe ser un espacio de acuerdos mínimos, de reglas compartidas y de responsabilidad institucional. Se trata de articular y construir una visión de país. No busquemos expertos en dinamitar puentes, sino en sostenerlos.
El Perú necesita votar con pausa, criterio, información y sentido de futuro. Tal vez esa sea la única forma de que esta elección no sea una repetición más del mal menor, sino el inicio de una corrección democrática largamente postergada.
Votar con responsabilidad implica algo más que indignarse frente al pasado inmediato. Exige distinguir entre la oferta fácil y la propuesta viable.
Un país que fuerza permanentemente sus reglas termina debilitándolas. Cumplir los periodos de gobierno debería ser la norma básica de cualquier democracia funcional. Salgamos de una buena vez de la trampa del mal menor y ensayemos, por fin, una democracia que no viva permanentemente al borde de sí misma.

Fuente original: Diario UNO

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