La RutaCastillista que llevó a Roberto Sánchez al balotaje
Cómo el líder de Juntos por el Perú logró heredar el capital político de Pedro Castillo y posicionarse como el contendiente final frente al fujimorismo Por: Toto de la Torre UgarteEn la política peruana, el simbolismo suele pesar tanto como las propuestas. Mientras los analistas capitalinos centraban sus reflectores en las figuras de la derecha […]
Cómo el líder de Juntos por el Perú logró heredar el capital político de Pedro Castillo y posicionarse como el contendiente final frente al fujimorismo
Por: Toto de la Torre Ugarte
En la política peruana, el simbolismo suele pesar tanto como las propuestas. Mientras los analistas capitalinos centraban sus reflectores en las figuras de la derecha conservadora y el centro liberal, un fenómeno gestado en las entrañas del Perú profundo avanzaba poderosamente en silencio, pero con una estrategia milimétrica. Roberto Sánchez Palomino, líder de Juntos por el Perú (JP), ha logrado lo que muchos consideraban imposible: heredar el capital político de Pedro Castillo y encumbrarse como el rival de Keiko Fujimori en la segunda vuelta electoral del próximo 7 de junio.
El camino no fue casual. Fue una travesía bautizada por sus seguidores -y temida por sus detractores- como la #RutaCastillista. Este recorrido no fue solo un despliegue logístico, sino un ejercicio de nostalgia política y reivindicación social que conectó con el electorado más alejado de la capital.
El origen: La mística de la reivindicación
La ruta comenzó donde la narrativa de la izquierda se hace más fuerte. Sánchez, dejando de lado el traje formal de sus años como ministro y congresista, y arropándose con sus vestimentas de sus antepasados milenarios, adoptó el emblemático sombrero cajamarquino de ala ancha, un gesto que en Lima fue tildado de «oportunista», pero que en las provincias del sur y el centro fue recibido como un acto de lealtad hacia el expresidente Pedro Castillo.
El recorrido se inició formalmente en Chota, Cajamarca, la cuna del maestro Pedro Castillo. Allí, en un mitin cargado de simbolismo, Sánchez prometió no solo la «liberación y reivindicación» del exmandatario, sino también la continuación de la agenda que quedó truncada en diciembre de 2022. Este punto fue crucial: Sánchez no buscaba crear un nuevo movimiento, buscaba capturar la esencia de un sentimiento de exclusión que aún persistía.
El descenso por la columna vertebral de los Andes
Desde Cajamarca, la caravana de Juntos por el Perú se desplazó hacia el centro, nororiente y sur del país. En Junín, Huánuco, Pasco, Pucallpa, Amazonas, Ayacucho, Huancavelica Apurímac, Madre de Dios y Arequipa, Sánchez enfocó su discurso en la crisis agraria y el costo de vida. Fue en estos puntos donde la #RutaCastillista empezó a ganar atracción en redes sociales, especialmente en Facebook y TikTok, donde el candidato se mostraba compartiendo alimentos en ollas comunes y prometiendo una «Segunda Reforma Agraria» con mayor presupuesto que la planteada originalmente por su antecesor.
El recorrido continuó hacia el Cusco, Puno y Tacna. En la ciudad imperial, Sánchez capitalizó el descontento contra el sector minero y el turismo de lujo, proponiendo un «nuevo pacto democrático», específicamente la “democratización de la riqueza nacional” y la convocatoria inmediata a una Asamblea Constituyente. En Puno, el bastión más visceral de la resistencia post-2022, el recibimiento fue apoteósico. Allí, la narrativa de «pueblo contra antipueblo» se consolidó, polarizando el voto y absorbiendo a los electores que antes se dividían entre diversas facciones de izquierda.
El posicionamiento en la Costa y el Norte
A medida que la campaña avanzaba hacia el verano de 2026, la estrategia viró hacia el norte, específicamente a su natal Huaral, además de San Martín, Lambayeque, Áncash, La Libertad, Piura y Tumbes. En estas zonas, tradicionalmente más esquivas a la izquierda radical, Sánchez suavizó ligeramente las formas, pero mantuvo el fondo: «economía popular con mercado» y «lucha frontal contra la corrupción».
El punto de quiebre se dio en las provincias de Lima Metropolitana. Mientras sus rivales se enredaban en disputas legales y ataques personales, Sánchez se infiltró en los distritos periféricos. Lurigancho-Chosica, San Juan de Miraflores, Villa El Salvador y otros distritos se convirtieron en escenarios de mítines masivos donde el candidato de Juntos por el Perú lograba conectar con los microempresarios y trabajadores informales, prometiendo crédito accesible y protección social.

El cierre: Plaza Dos de Mayo y la confirmación del escenario
El fin de la ruta, antes de lograr el segundo lugar en las elecciones, tuvo lugar en la histórica Plaza Dos de Mayo en Lima, hace apenas unas semanas. Ante una multitud que recordaba las movilizaciones sociales más intensas de los últimos años, Sánchez cerró su campaña con una declaración de guerra política al «establishment». El mensaje fue claro: la segunda vuelta no sería entre dos personas, sino entre dos modelos de país.
Los resultados del 12 de abril confirmaron la eficacia de la #RutaCastillista. Con más del 95% de las actas procesadas, Roberto Sánchez ha desplazado a figuras como Rafael López Aliaga, consolidándose en el segundo lugar. La polarización ha vuelto al Perú: de un lado, el fujimorismo de Keiko Fujimori, que llega a su cuarta segunda vuelta consecutiva; del otro, el heredero político del castillismo.
Lo que viene: El duelo final
Hoy, desde el local central de Juntos por el Perú, en el centro de Lima, Sánchez se muestra «convencido» de su victoria. Ha anunciado liderar protestas sociales contra las autoridades electorales que pretendan manipular las preferencias electorales del pueblo, un gesto democrático que busca mantener a su base movilizada y bajo la sensación de alerta constante.
La campaña que viene será corta pero feroz. Sánchez ya ha adelantado que su prioridad será el indulto a Pedro Castillo y la «refundación de la patria». Por su parte, la derecha se aglutina rápidamente detrás de Fujimori para evitar lo que consideran un salto al vacío.
La #RutaCastillista aún no ha terminado, pues el camino hacia Palacio de Gobierno apenas comienza. Roberto Sánchez ha demostrado ser un estratega astuto que supo leer el mapa del descontento peruano. Ahora, el país se prepara para un junio que promete ser, una vez más, el más dicisivo de su historia reciente.
Dato 1
Sánchez capitalizó el voto del «Perú profundo» tras recorrer más de 15 regiones estratégicas durante la denominada Ruta Castillista.
Dato 2
El candidato de Juntos por el Perú logró imponerse en 12 regiones del país, consolidando su fuerza electoral principalmente en la zona andina.
Fuente original: Diario UNO
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