La Libertadores sobrevivió a la samba: Flamengo rompe el trofeo del campeonato en plena celebración
El "Mengao" conquistó su cuarta Copa Libertadores ante Palmeiras y lo festejó con tanta euforia que la copa apareció reparada con cinta adhesiva en Río de Janeiro.
La victoria se salió de control. Flamengo volvió a escribir historia al vencer a Palmeiras en la final jugada en el Monumental de Ate. La alegría fue tan desbordante que, en medio de cánticos y abrazos, el trofeo terminó con la figura superior desprendida. La solución fue tan improvisada como graciosa: cinta adhesiva para que la copa pudiera seguir desfilando.
Río de Janeiro se tiñó de rojo y negro
El domingo, más de 500 mil aficionados se volcaron a las calles para acompañar al plantel en un desfile eléctrico por la Avenida Presidente Vargas. El ambiente fue tan festivo que nadie se preocupó demasiado por el detalle: la copa viajaba "remendada", como si fuera un trofeo de barrio que sobrevivió a una pichanga.
La imagen del trofeo parchado se volvió viral. Algunos hinchas bromearon diciendo que "la Libertadores también quiso bailar samba" y otros que "Flamengo no solo rompió récords, también rompió la copa". El episodio, lejos de empañar la celebración, reforzó la idea de que la pasión brasileña no conoce límites... ni manuales de cuidado de trofeos.
La fiesta de los hinchas
En Río de Janeiro, la celebración fue tan intensa que parecía un carnaval adelantado. Las calles se tiñeron de rojo y negro, con banderas flameando desde balcones y autos que no paraban de tocar la bocina.
Los hinchas improvisaron comparsas, cantaron himnos del club y hasta hubo quienes llevaron réplicas caseras de la copa, hechas con ollas y botellas. La ciudad se convirtió en un estadio gigante, donde cada esquina era una tribuna y cada canción un gol.
El encuentro contra Palmeiras fue seguido con nervios desde bares, plazas y pantallas gigantes instaladas en distintos puntos de Brasil. Cada jugada levantaba gritos, y los goles se celebraban con abrazos que parecían coreografías espontáneas.
En Lima, donde se jugó la final, los hinchas brasileños también hicieron sentir su presencia: tambores, cánticos y bailes acompañaron los 90 minutos. Al final, la victoria fue tan contundente que nadie se preocupó por los detalles técnicos del partido; lo importante era que Flamengo volvía a levantar la Libertadores, aunque la copa necesitara un poco de cinta para sobrevivir a la fiesta.
El triunfo de Flamengo quedará en la memoria no solo por el resultado deportivo, sino por la anécdota que acompañó la celebración. La Libertadores viajó por Río con cinta adhesiva, recordando que en el fútbol sudamericano la euforia puede ser tan fuerte que hasta los trofeos necesitan sobrevivir a la fiesta.
Fuente original: Exitosa
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