La Economía de los grandes eventos deportivos
En el momento en el que pensamos en un mundial de fútbol o en unos Juegos Olímpicos, o quizás, en una final de la Champions, imaginamos estadios llenos, ciudades decoradas a todo esplendor y un ambiente de fiesta que se vive en cada centímetro de las calles.
Pero detrás de todo esto hay dinero, mucho dinero, cifras millonarias, contratos, intereses ocultos y una pregunta. ¿Quién se queda con todo este dinero? Vamos a ver cómo la industria del deporte va más allá de la afición. De hecho, hoy en día no sólo podemos encontrar muchos aficionados que esperan estos partidos o estas jornadas para ver a su equipo favorito llegar al podio.
También hay muchas de estas personas que lo que buscan es conseguir algún beneficio mediante plataformas como, por ejemplo, las casas de apuestas. Una de las grandes bendecidas ya que, gracias a sus bonos de bienvenida para apostar online, permitirá a muchos de estos jugadores vivir la emoción de los eventos desde otra perspectiva.
Los grandes ganadores: organizadores y derechos televisivos.
Las federaciones internacionales, como puede ser la FIFA o la UEFA, suelen ser las que más rentabilidad obtienen. ¿Pero por qué? Pues simplemente porque controlan el producto.
De hecho, venden los derechos televisivos, los platos oficiales y las licencias. Derechos que pueden alcanzar miles de millones de dólares y su margen de beneficio, por tanto, es enorme. Si a esto le unimos las casas de apuestas, el beneficio no sólo beneficia a los apostadores que de vez en cuando deciden apostar algo por su equipo, también las plataformas que aprovechan esta visibilidad.
Las cadenas de televisión pagan mucho dinero porque saben que estos eventos atraen audiencias de todo tipo. Lo que se traduce en una publicidad premium. Hay plataformas de streaming que también han entrado en juego, subiendo las pujas y aumentando la ganancia de los organizadores.
Ahora, la competencia entre los medios ha hecho que los precios por los derechos se disparen. Y además de todo esto, el modelo de negocio está más justificado que nunca. Y no sólo se trata de vender derechos de una cadena, también de generar contenido que sea exclusivo, o plataformas propias o incluso experimentar con la realidad aumentada.
Las redes sociales, dentro de esto, han hecho muchísimo. Así como los influencers, que hoy en día son los medios de marketing más cotizados.
Los otros grandes ganadores
Hay otros grandes ganadores que son las marcas globales que se asocian con nuestros eventos. Seguro que cuando has visto alguno de estos partidos, habrás visto entre su publicidad nombres famosos como Coca-Cola, Adidas o Visa. Pues no están ahí por casualidad.
Estas marcas invierten mucho dinero para aparecer en cada rincón del espectáculo. ¿Y vale la pena? Pues para ellas sí. Y es que el retorno de inversión llega por la exposición mundial y la asociación de su logo, con la pasión, el éxito o la unidad. Es decir, aquí entra mucho de juego el neuromarketing. Además, hay muchas plataformas que aprovechan el impulso de estas competiciones para atraer nuevos clientes y ofrecer servicios regulados. Es como lo que pasa con muchas de las casas de apuestas que pueden operar de manera online y dan otro modo de ver y vivir cada partido. Estas casas saben que, por ejemplo, durante un mundial la gente quiere participar, apostar, sentir que forma parte del espectáculo de alguna manera.
Y así este tipo de promociones o bonos que hemos citado juegan un papel clave. Pero para eso es importante elegir las mejores casas con licencia para apostar, ya que no cualquier cosa vale. Hay peligro de que, si no eliges una de las plataformas que sean confiables, den buenas cuotas competitivas, así como apuestas en vivo o promociones atractivas, no aproveches todo lo bueno que tiene para darte la experiencia.
¿Qué hay de las ciudades anfitrionas?
Aquí viene lo más polémico de todo. Las ciudades que son capaces, son las que organizan este tipo de eventos, suelen promover desarrollo, turismo y mucho empleo. Pero la realidad es algo más difícil que todo esto, y es que las inversiones en estadios, infraestructuras y logística pueden superar lo recaudado por las entradas, incluso si contamos los hospedajes y el turismo.
Hay ejemplos claros. Atenas 2004 dejó a Grecia con deudas multimillonarias, mientras que Río 2016 generó instalaciones abandonadas. Por otro lado, la Expo de Barcelona del año 1992 es, sin embargo, citada como un gran caso de éxito, así que no todo es tan malo.
Y es que en ese año la ciudad mejoró su imagen y atrajo inversiones a largo plazo. La que habrá aquí está en hacer las cosas bien y con sentido común, no solo queriendo llevarse ese “pedazo del pastel”.
Como ves, cuando una ciudad se postula a este tipo de eventos debe considerar muchas cosas, cuánta infraestructura tiene ya, si hay plan para reutilizar estas instalaciones o qué porcentaje del proyecto viene o no viene de la inversión pública. Los casos de éxito han sido aquellos en los que se han aprovechado los estadios que ya había, donde las obras tienen un uso posterior. Sin embargo, muchos ejemplos muestran precisamente lo contrario. Muchos estadios fantasmas, gastos desmedidos o un legado que va a vivir en deuda.
¿Son los ciudadanos ganadores o perdedores?
Para la gente de pie el resultado es un poco dudoso. Durante el evento es cierto que hay orgullo, hay trabajo temporal y mucho ocio y entretenimiento en la ciudad, pero muchas veces esto viene acompañado por impuestos, desplazamientos de comunidades y el uso de fondos públicos que en muchos casos podrían haberse destinado a la educación o a la salud.
Las promesas de desarrollo muchas veces se quedan en campañas que solo quieren votos o en beneficios que nunca van a parar a quienes más lo necesitan. Pero en algunas ciudades los eventos generan muchos empleos temporales que sirven como impulso económico para otros sectores.
El futuro de los grandes eventos, ¿hacia dónde vamos?
En 2025 las ciudades están aprendiendo mucho del pasado y del presente. Hay algunas apuestas por candidaturas conjuntas como el Mundial 2026 en Estados Unidos, México y Canadá para repartir esos costos. Otras como Los Ángeles 2028 van a rehusar instalaciones que hay para evitar deudas.
Además, el mundo digital abre nuevas vías. Con los e-sports y las retransmisiones online se está comenzando a competir por las mismas audiencias con costos, por lo tanto, mucho menores.
En conclusión, los grandes eventos deportivos van a seguir moviendo cifras que muchas veces no entendemos como humanos mortales. Pero mientras las generaciones y las grandes marcas se llevan la mayor parte, los anfitriones, los ciudadanos, deben mirar un poquito más allá del brillo de esas medallas que al final, acaban en casas ajenas. Hay que ser críticos, hay que informarse y entender que al final solo algunos ganan en grande. La pregunta sigue abierta, ¿vale el esfuerzo todo esto o es solo un juego caro con unos pocos ganadores?
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