Dictadura se consolida en Nicaragua: Daniel Ortega anuncia el fin de las elecciones y estable un régimen permanente
El presidente nicaragüense declaró que "no volverá a haber elecciones" y adelantó reformas legales para bloquear a la oposición. La medida confirma la abolición del sistema democrático y genera alarma internacional.
Este 19 de julio, durante la conmemoración del 47 aniversario de la Revolución Sandinista, Daniel Ortega pronunció un discurso que marca un punto de quiebre en la historia política de Nicaragua.
"Aquí no volverá a haber elecciones para que por ahí intenten ellos atrapar el Gobierno, atrapar el poder", sentenció ante miles de simpatizantes en Managua. Con esa frase, el mandatario de 80 años cerró explícitamente la vía electoral como mecanismo de alternancia y oficializó un modelo de poder permanente junto a su esposa y copresidenta, Rosario Murillo.
Fin de la democracia
Ortega adelantó que trabajará con la Asamblea Nacional, controlada por el oficialismo, para aprobar leyes que bloqueen cualquier intento de la oposición de disputar el poder. "Vamos a poner un muro, un bloque a los golpistas, a los vendepatrias", dijo, en referencia a los partidos opositores en el exilio.
La decisión elimina la posibilidad de elecciones presidenciales en 2027, sepultando la alternancia democrática y consolidando un régimen hegemónico similar a los de Cuba o Corea del Norte, donde las elecciones existen formalmente pero no permiten competencia real.
Deriva autoritaria
El anuncio no sorprende a los nicaragüenses, que desde hace años viven bajo un sistema electoral manipulado. En las elecciones de 2021, Ortega obtuvo el 75,9 % de los votos tras encarcelar a todos los precandidatos opositores con posibilidades reales. Estados Unidos calificó esos comicios de "pantomima" y organismos internacionales desconocieron su legitimidad.
En 2025, una reforma constitucional amplió el mandato presidencial de cinco a seis años, eliminó la independencia de poderes y elevó a Murillo al rango de copresidenta, otorgando control total sobre el Estado. Desde las protestas de 2018, reprimidas con violencia que dejó más de 300 muertos, el régimen ha encarcelado, desterrado y despojado de nacionalidad a opositores, periodistas y religiosos críticos.
El anuncio generó alarma inmediata. Estados Unidos, la OEA y la ONU ya habían denunciado que Nicaragua haya pasado a establecer un régimen autoritario. Analistas señalan que Ortega busca blindar su poder frente a la presión internacional y los movimientos opositores en el exilio, que aún esperan una transición democrática.
Con este anuncio, Ortega no solo liquida la vía electoral, sino que oficializa la sepultura de la democracia en Nicaragua. El país queda bajo un régimen de poder absoluto, sin mecanismos institucionales para el cambio político.
Lo que antes eran elecciones sin competencia ahora se convierte en la negación total del voto. Para la oposición y la comunidad internacional, se trata de la confirmación de que Nicaragua ha dejado de ser una democracia y se ha transformado en un Estado autoritario con poder concentrado en una sola familia.
Fuente original: Exitosa
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