Del desborde al copamiento popular

Escribe: Luis Alberto Chávez Risco Magíster en Ciencia Política En los años setenta, dos grandes observadores del Perú —José Matos Mar y Jean-François Bourricaud— identificaron señales de una transformación profunda. Matos Mar describió la irrupción masiva de sectores populares en una república criolla incapaz de contenerlos y le llamó a ese proceso “desborde popular”. Bourricaud […]

Fuente: Diario UNO Publicado: 3 min de lectura
Del desborde al copamiento popular

Escribe: Luis Alberto Chávez Risco

Magíster en Ciencia Política

En los años setenta, dos grandes observadores del Perú —José Matos Mar y Jean-François Bourricaud— identificaron señales de una transformación profunda. Matos Mar describió la irrupción masiva de sectores populares en una república criolla incapaz de contenerlos y le llamó a ese proceso “desborde popular”. Bourricaud analizó la cholificación como un proceso de mestizaje cultural y afirmación de derechos que modificaba la estructura social peruana.

Ambos pensadores anticiparon que el país ingresaba a una etapa nueva en su composición social, lo que equivalía a tener nuevas reglas en la política, la economía y la sociedad. No se equivocaron.

Medio siglo después, esas visiones se han confirmado y consolidado. La irrupción social de ayer es hoy una realidad. Solo que no se trata únicamente de amplios sectores populares presionando y desbordando los límites del Estado y la sociedad tradicional, sino de nuevos actores ocupando y reconfigurando espacios antes reservados a las élites criollas.

El momento del cambio estructural que vivimos puede describirse mejor como un “copamiento popular”: un proceso mediante el cual nuevos actores sociales no solo ingresan a territorios simbólicos, económicos y políticos, sino que redefinen sus reglas de funcionamiento.

El principio de Arquímedes ayuda a entender mejor este fenómeno. Cuando un objeto ingresa al agua, esta se desplaza para dar cabida al nuevo cuerepo y el sistema se reajusta. Algo así ocurre en el Perú contemporáneo: la consolidación de una ciudadanía mayoritariamente mestiza empuja, reacomoda y modifica estructuras que parecían inmutables.

No es un fenómeno violento, pero sí tumultuoso, azaroso y lleno de fricciones propias de una transición inconclusa, con nuevas reglas.

En la economía, la informalidad es la evidencia de este nuevo estadio que atraviesa todos los sectores. En varios casos, los grupos emergentes han desplazado a los grupos formales que antes dominaban estos sectores, lo que revela una redistribución real del poder económico que presiona por cambios en la representación política.

La república criolla —sustentada en partidos tradicionales, élites profesionales y jerarquías familiares históricas— convive hoy con una república mestiza que atropella con sus nuevos canales de representación. La volatilidad electoral, la irrupción de liderazgos inesperados y la participación directa de economías ilegales en la política son señales de que la matriz social del país cambió más rápido que sus instituciones.

En la cultura, este desplazamiento es aún más visible. La música, la gastronomía, el lenguaje urbano, la estética cotidiana y las industrias creativas muestran que lo popular mestizo dejó de ser periferia. Se volvió centro, norma y referencia de identidad nacional.

Matos Mar y Bourricaud comprendieron esta transformación. Ellos observaron el inicio de un proceso cuyo desarrollo actual parece entrar a su etapa de definición. La república mestiza con todos sus elementos de color, forma y sabor se viene imponiendo a la república criolla.

El Perú de hoy no está en crisis. Está en transición hacia una nueva república que emerge, disputa copa espacios y genera sus propias reglas. Es una nueva energía social que reta el statu quo. ¿Podremos los peruanos mantener instituciones capaces de acompañar este desplazamiento social sin fracturar la democracia? En ello, quizá, se juega el proyecto republicano del Perú del Siglo XXI.

Fuente original: Diario UNO

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