Cinco acciones preventivas que ayudan a preservar el valor de los inmuebles
Según el World Green Building Council, cerca del 70 % de las fallas estructurales y deterioros funcionales en edificios podrían prevenirse mediante inspecciones técnicas y programas de mantenimiento planificado. El mantenimiento preventivo ha cobrado mayor relevancia como una herramienta para reducir riesgos, evitar sobrecostos y prolongar la vida útil de los inmuebles. “Muchas veces los […]
Según el World Green Building Council, cerca del 70 % de las fallas estructurales y deterioros funcionales en edificios podrían prevenirse mediante inspecciones técnicas y programas de mantenimiento planificado. El mantenimiento preventivo ha cobrado mayor relevancia como una herramienta para reducir riesgos, evitar sobrecostos y prolongar la vida útil de los inmuebles.
“Muchas veces los problemas más costosos en una infraestructura empiezan con señales menores que no son atendidas a tiempo. Una gestión preventiva permite identificar riesgos, reducir gastos correctivos y mantener condiciones adecuadas de funcionamiento y seguridad”, señala Yanet Pardo, Gerente de Mantenimiento y Facility Management del Grupo EULEN Perú.
La especialista agrega que una adecuada planificación del mantenimiento no solo ayuda a evitar fallas operativas, sino también a preservar el valor de los inmuebles en el tiempo. Por ello, comparte cinco acciones preventivas que contribuyen a una gestión más eficiente de la infraestructura:
Realizar inspecciones periódicas de la infraestructura. Revisar de manera constante elementos como techos, muros, pisos, estructuras y áreas comunes ayuda a detectar fisuras, filtraciones, desgaste o daños que podrían agravarse con el tiempo. Estas evaluaciones permiten tomar acciones correctivas de manera oportuna y evitar reparaciones de mayor impacto.
Verificar el estado de las instalaciones eléctricas. El sistema eléctrico requiere controles preventivos para asegurar su correcto funcionamiento y evitar riesgos como sobrecargas o cortocircuitos. Se recomienda revisar tableros, cableado, sistemas de puesta a tierra y equipos de respaldo, especialmente en edificaciones con varios años de antigüedad o alta demanda energética.
Supervisar las redes sanitarias y sistemas hidráulicos. Las fugas de agua y problemas en tuberías pueden afectar tanto la infraestructura como las condiciones de salubridad de un inmueble. Por ello, es importante monitorear cisternas, bombas, conexiones sanitarias y posibles señales de humedad para prevenir daños estructurales y sobrecostos.
Dar mantenimiento a equipos críticos. Ascensores, sistemas de climatización, iluminación y ventilación requieren revisiones programadas para asegurar su eficiencia y continuidad operativa. Estas acciones ayudan a reducir fallas inesperadas y optimizar el desempeño de los equipos.
Implementar un plan integral de mantenimiento. Contar con un cronograma de mantenimiento adaptado al tipo de inmueble y nivel de uso permite planificar intervenciones, optimizar recursos y extender la vida útil de las instalaciones. En este proceso, el acompañamiento de un proveedor especializado resulta clave, así como complementar el mantenimiento preventivo con acciones predictivas y conductivas que permitan anticipar fallas y detectar incidencias en la operación diaria.
Fuente original: Diario UNO
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