Aquí fue el último show de Carlos Gardel en Argentina
CANTOR SE DESPIDIÓ DEL MUNDO EN VIEJO TEATRO DE AVENIDA CONCEPCIÓN DE URUGUAY Corría el año 1933. Un 7 de noviembre de 1933. Carlos Gardel tenía cuarenta y tres años y estaba firmando, esa mañana de Buenos Aires, en la casa de su amigo Armando Delfino, su testamento holográfico, es decir, escrito a puño y […]
CANTOR SE DESPIDIÓ DEL MUNDO EN VIEJO TEATRO DE AVENIDA CONCEPCIÓN DE URUGUAY
Corría el año 1933. Un 7 de noviembre de 1933. Carlos Gardel tenía cuarenta y tres años y estaba firmando, esa mañana de Buenos Aires, en la casa de su amigo Armando Delfino, su testamento holográfico, es decir, escrito a puño y letra. El legendario tanguero había llegado esa mañana, previa a su viaje al extranjero, a la casa de su amigo, quien se encontraba con su esposa. La muerte lo esperaba pronto…
“El Zorzal” estaba preocupado porque serían aproximadamente dos años de viaje y quería dejar una declaración de voluntad en el caso de que falleciera en su viaje. Armando opinó que sería una gran idea ya que su madre no quedaría desprotegida económicamente. Luego de redactarle el encabezado, lo dejó solo en un cuarto, lugar donde escribió el testamento que al cabo de 10 minutos firmó y dejó encriptado en un sobre lacrado. Por consejo de su amigo, viajaron al centro y luego de almorzar lo depositaron en un cofre de seguridad que tenía el morocho en el Banco de Boston.
En este documento caían -y caen- muchos de los mitos en torno a su persona. Uno de los temas que más se ha debatido, su fecha y lugar de nacimiento, queda confirmado por él mismo como Toulouse, Francia, y el día, el 11 de diciembre de 1890. En el mismo además se reconocía como el hijo natural de Berta Gardés, a quién le corresponderían todos sus bienes luego de su fallecimiento.
Este acto, podría entenderse casi como una premonición. Que a tan pronta edad haya decidido certificar su deseo postmortem, sellando en él su verdadero nombre, Charles Romuald Gardés, y reconociéndose hijo adoptivo del Río de La Plata.
Tal vez presentía el “zorzal criollo” que algo no iba a andar bien, o tal vez fue solo una simple coincidencia, es aún una incógnita sin resolución.
Ese mismo día, el 7 de noviembre, dejó el país. Para siempre. Esta historia es ya muy conocida, pero hay otra que los libros se han encargado de no enaltecer, la vez que Gardel dio su último show para público abierto, una historia que transcurrió en Concepción del Uruguay.

SE SEPARÓ DE SU GRAN COMPAÑERO DE DÚO
Gardel había comenzado 1933 rompiendo tajantemente su relación comercial con su ex compañero de dúo, y por ese entonces manager, José Razzano por diferencias comerciales.
El morocho del Abasto había conocido en el mes de Julio a Hugo Mariani- director y creador de la sinfónica de Nueva York quien, impresionado por su voz al oírlo cantar, le sugiere un viaje a Nueva York para presentarlo al público estadounidense. Días después llegaría el contrato.
Los meses siguientes, previos a su partida al exterior, Carlos se dedicó a continuar con las giras por el interior, recorriendo numerosas ciudades de las provincias de Santa Fe, San Juan, Córdoba, Buenos Aires, Mendoza y Entre Ríos. Cantando en teatros y radios y grabando numerosas obras en todos los meses de ese año.
El teatro Avenida de Concepción del Uruguay estaba ubicado sobre la actual calle Juan Perón 330 (ex Vicente H. Montero), lugar donde hoy funciona el Supermercado Gran Rex. Esta sala que había sido inaugurada el 28 de marzo de 1930, fue pensada para ser un teatro predispuesto para la ejecución musical y teatral, por lo cual se la había dotado de un escenario muy amplio. Para 1933 había concretado su misión convirtiéndose en uno de los principales escenarios culturales, sino el más importante, de toda la ciudad.
Allí actuaron figuras muy importantes desde su apertura y el día que llegó Gardel a la ciudad y actuó allí, selló su historia grande para siempre.
La prensa de la época, sin embargo, se mantuvo casi indiferente. Fue recién en la página octava que un periódico anunciaba la visita del máximo ídolo de la época a la ciudad. El mensaje era claramente publicitario “Cine Teatro Avenida. Sábado 21. Debut de Carlos Gardel”. Entradas agotadas.
SALUDÓ A FANS Y CANTÓ A CAPELLA
Había pasado ya la medianoche y el viernes se había terminado. Gardel había arribado a la ciudad para actuar al día siguiente y un grupo de jóvenes estudiantes, que idolatraban al cantor, se acercaron hasta las puertas del Hotel París, porque no aguantaban la emoción de verlo.
Dentro del lugar estaba la embajada artística, que estaba descansando después de un largo viaje y una gira que se iba a extender hasta el Uruguay. El morocho del Abasto salió del hotel esa madrugada, postergando su tiempo de descanso, para saludar a sus seguidores, todos estudiantes del Colegio Justo José de Urquiza. Descendió a la Plaza Ramírez y se lo vio con una bufanda, que pese a que no hacía casi nada de frío le era indispensable para proteger su garganta.
Uno de los presentes le pide que interprete una canción y sin hacerse esperar mucho comienza a cantar, a capela, una de sus más hermosas canciones “Palomita blanca”, el vals de Aieta y Giménez.
En cuanto Gardel comenzó a entonar los primeros versos, cuenta la historia popular y transcribió la prensa, la madrugada se pobló de emoción y todas las calles que bordeaban la plaza, que por ese entonces tenía una fachada casi colonial, comenzaron a abrirse las ventanas.
Su personalidad era increíble, eso es cierto, pero era su voz la que había logrado penetrar todas las casas del microcentro uruguayense. Todos los vecinos habían abierto sus ventanas para escuchar su el mágico sonido de sus cuerdas vocales.
Todo un pueblo con sus ventanas abiertas en un clima de arte cuasi milagroso. Gardel era irrefutablemente un milagro y su voz, la que mejor cantaba la canción rioplatense.

UN TEATRO EN UNA CALLE DE TIERRA
Por esos años el teatro tenía uno de los camarines más bellos de la ciudad y era el lugar que elegían los artistas para tocar por su belleza y calidad de sonido. Además de tener palcos con butacas muy lindas.
La calle -hoy llamada- Perón, era una calle angosta y de tierra, donde comenzaban a construirse casas nuevas derrumbando las coloniales, el barrio era el más viejo de la ciudad, el “Puerto Viejo”.
Gardel subió al palco pasadas las nueve de la noche y los primeros lugares estaban ocupados por la alta sociedad uruguayense, quienes ya habían adquirido sus entradas con anticipación. Afuera, una gran cantidad de personas que se habían acercado para escuchar el espectáculo del año.
Salió del camarín con un traje muy oscuro, que había lucido perfecto con el sobretodo negro que utilizó en su caminata hasta el lugar- y un pañuelo blanco por fuera del saco que le colgaba del cuello a la altura del pecho. Estaba adelgazando debido a que en pocos meses iba a estar grabando películas en Estados Unidos.
Gardel sube al escenario y se pronuncia: “Sé que hay mucha gente afuera que no ha podido entrar. Abran la puerta y que entren todos los que puedan”. Pese a esta iniciativa de Gardel, hubo un centenar de personas que no pudieron entrar en el teatro.
Concepción del Uruguay era una ciudad pequeña que tenía entre veinte y treinta mil habitantes en el ejido urbano. Tenía una actividad social muy fuerte en torno a los cines Teatros (Texier, Avenida y Rocamora), sus clubes deportivos, clubes sociales, cafés y negocios tradicionales.
Toda la gente que vivía en la zona céntrica estaba esa noche escuchando el espectáculo desde la puerta. En el hall, a treinta metros del escenario, se escuchaba fantástico, tanto la voz del Zorzal como las cuatro guitarras, Barbieri, Riverol, Petorori y Vivas.
Agradeció, antes de interpretar las canciones compuestas por sus guitarristas, la presencia de esos grandes músicos. “Me acompañan los muchachos” dijo. Rindiendo homenaje y admiración a su cuarteto de cuerdas.
CHARLÓ CON EL PÚBLICO Y SE FUE PARA SIEMPRE
Interpretó canciones muy variadas y en el medio conversó con el público. Se animó incluso a relatar sus comienzos en la música y su camino que lo llevó allí, a tocar frente a un lugar colmado en un pueblo del interior, interpretando sus grandes éxitos.
De repente hizo un corte, los presentes, sobre todo los varones, salieron afuera a fumar, cosa que se acostumbraba en las funciones largas. Y Gardel descansó su voz, una de las más prodigiosas del tango. Gardel era un ídolo, pero tenía que descansar.
Pronto volvió al escenario, cantó otra vez y finalmente, luego de tres horas de espectáculo, se despidió del público y abandonó el escenario. La gente de inmediato comenzó a abandonar el teatro, evidenciando la felicidad en su rostro.
Gardel se sienta, tal vez toma algo de vino o caña y sale del teatro. No hay registros de en qué momento deja la ciudad, muchos sostienen que fue esa misma noche, cuando se subió a un pequeño barco y dejó el país. Lo que sí es seguro es que partió desde el puerto de la ciudad. Bajó por la escalera que conectaba el muelle con la embarcación, a pocos metros de donde hoy se encuentra la bajada de botes frente al edificio de la ex aduana y se dirigió hasta Paysandú.
Carlos bajó del bote y se tomó una foto con su amigo “Santiaguito” Estefanell, de quien grabó el tango Caminito de Luna que iba a ser interpretado en su gira trunca en Medellín, y luego de pocas horas partió a Salto.
Allí se hospedó en la casa de un íntimo amigo, Ireneo Leguisamo, donde actuó en dos oportunidades. Volvió a Paysandú, actuó allí otras dos veces en el teatro Florencio Sánchez, el 24 y 25 y luego cantó en Montevideo.
Volvió a Buenos Aires, donde no dio ningún show abierto. Allí grabaría 3 canciones y le harían una despedida en un recordado asado con 180 amigos. El 7 de septiembre, luego de firmar su testamento, inicia un viaje hacia los Estados Unidos y concluye su vida en el fatal accidente de avión en Medellín. Gardel no volvería a pisar nunca más aquel viejo teatro rodeado de tierra…
Fuente original: El Men
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